sábado, 25 de marzo de 2017

La Anunciación del Señor...

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 1,26-38.






El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.

El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: "¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo".
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.

Pero el Ángel le dijo: "No temas, María, porque Dios te ha favorecido.
Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús;  él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre,  reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin".

María dijo al Ángel: "¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?".

El Ángel le respondió: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios.

También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes,  porque no hay nada imposible para Dios".

María dijo entonces: "Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho". Y el Ángel  se alejó.

Palabra del Señor

Hoy celebramos la encarnación del Hijo de Dios. Nueve meses antes de Navidad,  celebramos  LA ENCARNACIÓN DEL HIJO DE DIOS,  que San Lucas describe en el anuncio del Ángel Gabriel a la Santísima Virgen María, que sería Madre del Hijo del Altísimo, Madre de Dios y la aceptación de María Santísima como sierva y esclava del Señor. 

Reflexión Padre J. García.
María nuestra Madre, María de Nazareth, vivió en una sociedad patriarcal que consideraba a las mujeres como menores de edad, la virginidad femenina garantizaba honra y buen nombre a la familia, además de una dote sustanciosa si algún varón bien situado se fijaba en ella. Perder la pureza con alguien distinto al esposo prometido significaba la ruina. El fruto de alguna unión ilegitima corría suerte igualmente vergonzosa, no podría casarse; sino con alguien en su misma condición. Pero la vergüenza pública no detuvo a María para dar su Si, a la singular propuesta de ser Madre que el enviado celeste le hizo. 
La Anunciación nos ayuda a ver que el proyecto de la salvación de Dios, no camina sin el concurso humano y que transitan caminos inesperados y hasta irregulares, tales modos nos despiertan sospechas todavía, porque todo lo regulamos y prevemos, con frecuencia relegamos la fuerza incontenible del Espíritu que hace posible lo imposible. La Anunciación a María debe despertarnos el ansia de alcanzar lo imposible.
El sueño mesiánico es eso que solo puede hacer  Dios con nosotros.

¡Tantos milagros que el Señor  quiere hacer!  y nosotros lo regulamos todo.

¡Confiemos en Él!  Porque para Él;  NO HAY  NADA IMPOSIBLE.






jueves, 23 de marzo de 2017

El Reino de Dios ha llegado a nosotros...

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 11,14-23.



Jesús estaba expulsando a un demonio que era mudo. Apenas salió el demonio, el mudo empezó a hablar. La muchedumbre quedó admirada, pero algunos de ellos decían: "Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios".

Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo.

Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: "Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra.

Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul.

Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces.

Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes.

Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras, pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte sus bienes.


El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.

Palabra del Señor...


Reflexión P. Ignacio Buisán

“El que no está conmigo, está contra mí;  el que no recoge conmigo, desparrama”.  La expulsión de un demonio, que era mudo, y los diferentes comentarios que se suscitan del  hecho, dan pie a Jesús para hablar de una lucha:  la lucha entre el bien y el mal,  la lucha entre el Reino de Dios y el reino de satanás. Se trata de una lucha en la que todos estamos involucrados y en la que hay que apostar, en la que hay que tener un  “favorito”,  en la que hay que optar por uno de los bandos.


Jesús es rechazado por algunos; e incluso se le acusa de obrar movido por los demonios.

La lucha se está dando, no en un escenario externo, sino en el interior de las personas. Por lo tanto, no somos unos espectadores pasivos, sino parte involucrada, y la apuesta es  “todo o nada”.   Abrir rendijas a la duda o a la desconfianza, es permitir que “otro más fuerte” nos asalte y nos venza.

Al liberar a algunos hombres de los males terrenos del hambre, de la injusticia, de la enfermedad y de la muerte, Jesús realizó unos signos mesiánicos; no obstante, no vino para abolir todos los males aquí abajo, sino a liberar a los hombres de la esclavitud más grave, la del pecado, que es el obstáculo en su vocación de hijos de Dios y causa de todas sus servidumbres humanas. 

A Jesús le pedían “señales milagrosas”, pero Él no respondió con señales milagrosas, sino con argumentos lógicos; Jesús respondió con argumentos comprensibles para el que quería y estaba abierto a comprender.

Esta es una de las ventajas de nuestra fe:  que es una fe que se puede entender,  es una fe que tiene lógica, que tiene su razonabilidad, que tiene su peso argumental.  La fe no es algo que se impone, sin más, a la razón, sino que se convierte en una invitación razonable a dar el paso del creer sin ver del todo, pero tiene sentido, tiene historia, tiene de dónde dar  “razones”.

La dinámica de la Encarnación pone a la altura del pensamiento humano el misterio de Dios y lo hace asequible a todo aquel que se abra a la lógica de un Dios que se hace hombre:   “Pero si yo arrojo a los demonios por el poder de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el  Reino de Dios”.  Pero la Encarnación plantea, también, un reto, un dilema: al hacerse  hombre, Dios se hizo “igual”  al hombre, así el hombre tiene posibilidad de adherirse a Él en cuanto hombre o de rechazarlo:  “conmigo o contra mí”.  

Si es  “conmigo”,  es decir, si apostamos por Él, vamos a “recoger” todos los frutos que brotan de esa  confianza-fe  en Él.  Si es  “contra mí”,  gana la desconfianza y todo lo sembrado por Dios en nosotros, se desparrama.


La venida del Reino de Dios es la derrota del reino de satanás: "Pero si por el Espíritu de Dios yo expulso los demonios, es que ha llegado a ustedes el Reino de Dios" (Mt 12,28). Los exorcismos de Jesús liberan a los hombres de los dominios de los demonios. Anticipan la gran victoria de Jesús sobre «el príncipe de este mundo» (Jn 12,31). Por la Cruz de Cristo será definitivamente establecido el Reino de Dios: «Dios reinó desde el madero de la Cruz».


miércoles, 22 de marzo de 2017

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO






PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 22 de marzo de 2017


San Pablo continúa ayudándonos a comprender mejor en qué consiste la esperanza cristiana. Hoy señala dos actitudes importantes para nuestra vida y nuestra experiencia de fe. La perseverancia o paciencia es la capacidad de soportar, de permanecer fieles, sobre todo en medio de las situaciones adversas. Por otra parte, la otra actitud, la consolación es la gracia de saber acoger y mostrar en todo momento, especialmente en aquellos momentos marcados por el sufrimiento y la desilusión, la presencia y la acción compasiva de Dios que nunca nos abandona y permanece siempre fiel en su amor por nosotros.

Por eso el Apóstol afirma que somos fuertes, porque en la lógica del Evangelio nuestra fuerza no viene de nosotros sino del Señor, que nos concede experimentar su consolación y su amor fiel, y nos da la capacidad de estar cerca de los hermanos más débiles y de hacernos cargo de su fragilidad.

La Palabra de Dios alimenta en nosotros la esperanza, que se traduce concretamente en servicio recíproco y en el compartir. Esto es posible sólo cuando en el centro está Cristo y su Palabra, porque él es el “hermano fuerte” que nos cuida y nos carga sobre sus hombros de “Buen Pastor”, tierno y solícito.


Saludos:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los provenientes de España y Latinoamérica. Agradezcamos al Señor el don de su Palabra y no olvidemos que nuestra esperanza no depende de nuestras capacidades, sino de la ayuda de Dios y de la fidelidad de su amor. Muchas gracias.

martes, 21 de marzo de 2017

El amor no es un mero sentimiento...




El amor es fuerte, muy fuerte. El amor cambia, elimina el odio, deja una huella profunda en nuestro ser.

No hay dificultad por muy grave que sea, que el amor no supere.

No hay enfermedad por muy grave que sea, que el amor no sane.

No hay puerta por muy cerrada que esté, que el amor no abra.

No hay distancias por muy extremas que sean, que el amor no acorte.

No hay muro por muy alto que esté, que el amor no derrumbe.

No hay pecado por muy grave que sea, que el amor no redima.

No importa cuán serio sea un problema o cuán desesperada una situación, el amor tiene poder para superar todo esto, porque el amor todo lo vence.


Es el amor el que une y el que alegra, es el amor el que acerca y el que cura. Sólo el amor nos hace de verdad hijos de Dios y hermanos de los demás.

EL AMOR NO ES UN MERO SENTIMIENTO, ES MUCHO MÁS QUE ESO, ES UNA FUERZA, UNA POTENCIA, ES UN DON DE DIOS ETERNO.


Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor. Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos. 
San Agustín

Parábola sobre el perdón...

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo 18,21-35.




Se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?".

Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.
Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.
Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.

El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo".

El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.

Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'.

El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'.

Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.

Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.

¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'.

E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.

Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".


Palabra del Señor


Cuarto gran discurso de Jesús en el evangelio de Mateo. Jesús advierte a sus discípulos del peligro de la arrogancia y del rencor, les pide que sean humildes y dispuestos al perdón ¿Cuantas veces debemos perdonar?

Pidamos al Señor nos de un corazón humilde y dispuesto a perdonar siempre.

lunes, 20 de marzo de 2017

Señor, tengo alma misionera...






Señor, toma mi vida nueva
antes de que la espera,
desgaste años en mi,
estoy dispuesta a lo que quieras
no importa lo que sea
tu llámame a servir


Llévame donde los hombres
necesiten tus palabras,
necesiten mis ganas de vivir
donde falte la esperanza,
donde falte la alegría
simplemente por no saber de ti

Te doy, mi corazón sincero
para gritar sin miedo
Tu grandeza, Señor
Tendré mis manos sin cansancio
tu historia entre mis labios
y fuerza en la oración

Llévame donde los hombres
necesiten tus palabras
necesiten mis ganas de vivir
donde falte la esperanza
donde falte la alegría
simplemente por no saber de ti

Y así en marcha iré cantando,
por calles predicando
lo bello que es tu amor,
Señor, tengo alma misionera
condúceme a la tierra
que tenga sed de Dios.

Llévame donde los hombres
necesiten tus palabras,
necesiten mis ganas de vivir
donde falte la esperanza
donde falte la alegría
simplemente por no saber de ti.




José, esposo de María, la Madre de Jesús

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo 1,16.18-21.24a.





Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.

Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.

Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo.

Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados".


Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado.

Palabra del Señor


Aprendamos de San José a buscar y a cumplir en todo la voluntad de Dios, que nos quede bien claro todo en María y en José es obra del Espíritu Santo. Hay aprender de San José a cumplir nuestra misión con humildad, sencillez y en el silencio, hay que saber desaparecer para que sea Jesús quien brille como el sol y que da luz y calor a todos. Jesús tiene que ser siempre el centro, el sol de nuestra vida y el que da luz y calor a todo y que María sea  la que brille como la luna llena, que nos acompaña siempre en nuestras noches difíciles. El amor de José por Jesús y María fue lo que siempre daba vida, luz y sentido a toda su existencia.
José nunca se desanimo,   todo tenia sentido en su vida por María y por Jesús. Por esto José el hombre justo y fiel servidor que ante lo que no entendía busco y busco la voluntad de Dios que lo desperto para cambiar su proyecto por el proyecto de Dios. Así también nosotros en nuestra vida tendremos muchas dudas y muchas inquietudes.
Aprendamos de San José a buscar siempre la voluntad de Dios, Despertemos del sueño y busquemos en todo la voluntad de Dios. Lo mejor que puede acontecer en nuestra vida es cambiar nuestro proyecto por el proyecto de Dios.

Mons. Fabio Martínez

domingo, 19 de marzo de 2017

San José esposo de la Virgen María...

Solemnidad de san José, esposo de la bienaventurada Virgen María, varón justo, nacido de la estirpe de David, que hizo las veces de padre al Hijo de Dios, Cristo Jesús, el cual quiso ser llamado hijo de José y le estuvo sujeto como un hijo a su padre. La Iglesia lo venera con especial honor como patrón, a quien el Señor constituyó sobre su familia.

Etimológicamente; José = Aquel al que Dios ayuda, es de origen hebreo.

Las fuentes biográficas que se refieren a san José son, exclusivamente, los pocos pasajes de los Evangelios de Mateo y de Lucas. Los evangelios apócrifos no nos sirven, porque no son sino leyendas. “José, hijo de David”, así lo llama el ángel. El hecho sobresaliente de la vida de este hombre “justo” es el matrimonio con María. La tradición popular imagina a san José en competencia con otros jóvenes aspirantes a la mano de María. La elección cayó sobre él porque, siempre según la tradición, el bastón que tenía floreció prodigiosamente, mientras el de los otros quedó seco. La simpática leyenda tiene un significado místico: del tronco ya seco del Antiguo Testamento refloreció la gracia ante el nuevo sol de la redención.

El matrimonio de José con María fue un verdadero matrimonio, aunque virginal. Poco después del compromiso, José se percató de la maternidad de María y, aunque no dudaba de su integridad, pensó “repudiarla en secreto”. Siendo “hombre justo”, añade el Evangelio -el adjetivo usado en esta dramática situación es como el relámpago deslumbrador que ilumina toda la figura del santo-, no quiso admitir sospechas, pero tampoco avalar con su presencia un hecho inexplicable. La palabra del ángel aclara el angustioso dilema. Así él “tomó consigo a su esposa” y con ella fue a Belén para el censo, y allí el Verbo eterno apareció en este mundo, acogido por el homenaje de los humildes pastores y de los sabios y ricos magos; pero también por la hostilidad de Herodes, que obligó a la Sagrada Familia a huir a Egipto. Después regresaron a la tranquilidad de Nazaret, hasta los doce años, cuando hubo el paréntesis de la pérdida y hallazgo de Jesús en el templo.

Después de este episodio, el Evangelio parece despedirse de José con una sugestiva imagen de la Sagrada Familia: Jesús obedecía a María y a José y crecía bajo su mirada “en sabiduría, en estatura y en gracia”. San José vivió en humildad el extraordinario privilegio de ser el padre putativo de Jesús, y probablemente murió antes del comienzo de la vida pública del Redentor.


Su imagen permaneció en la sombra aun después de la muerte. Su culto, en efecto, comenzó sólo durante el siglo IX. En 1621 Gregorio V declaró el 19 de marzo fiesta de precepto (celebración que se mantuvo hasta la reforma litúrgica del Vaticano II) y Pío IX proclamó a san José Patrono de la Iglesia universal. El último homenaje se lo tributó Juan XXIII, que introdujo su nombre en el canon de la misa.


Enséñanos, José,
 cómo se es no protagonista,
 cómo se trabaja sin exhibirse,
 cómo se avanza sin pisotear,
 cómo se colabora sin manejar,
 cómo se ama sin reclamar.

Dinos cómo se vive
 siendo número dos... o tres,
 cómo se hacen cosas formidables
 desde un segundo puesto.

Dinos cómo la inmensa mayoría
 de nosotros tenemos que ocupar
 estos lugares.

Los segundos lugares,
 en los que está nuestra
 verdadera y oculta grandeza.

Dinos cómo se vive con elegancia
 siendo no importante.

Convéncenos de que se puede
 y debe ser útil, fiel, efectivo,
 hasta héroe,
 siendo "no importante".

Explícanos cómo se es grande sin exhibirse,
 cómo se lucha sin aplausos,
 cómo se avanza sin publicidad,
 cómo se persevera y se muere
 sin que nos hagan
 estatuas u homenajes.

Cómo se hace para ser útil, positivo, generoso
 sin necesidad de ser "importante" y todavía más difícil,
 cómo se hace para darlo todo, sin ser protagonista,
 y a pesar de ello, sentir por dentro una paz,
 una felicidad, un gozo profundos.


¡Enséñanos, José!

San José Marzo 19

La fiesta de San José se celebra el 19 de marzo desde el pontificado de Sixto IV (1471 - 1484). En 1870 el Bienaventurado Papa Pío IX lo declaró patrono de la Iglesia Universal, y San Pío X aprobó en 1909 la Letanía en alabanza del santo.

San José - Patrono de la Iglesia y Defensor de la Sagrada Familia

Las razones por las que el bienaventurado José debe ser considerado especial patrono de la Iglesia, y por las que a su vez, la Iglesia espera muchísimo de su tutela y patrocinio, nacen principalmente del hecho de que él es el esposo de María y padre putativo de Jesús. De estas fuentes ha manado su dignidad, su santidad, su gloria.

 Es cierto que la dignidad de Madre de Dios llega tan alto que nada puede existir más sublime; mas, porque entre la Santísima Virgen y José se estrechó un lazo conyugal, no hay duda de que a aquella altísima dignidad, por la que la Madre de Dios supera con mucho a todas las criaturas, él se acercó más que ningún otro. Ya que el matrimonio es el máximo consorcio y amistad -al que de por sí va unida la comunión de bienes- se sigue que, si Dios ha dado a José como esposo a la Virgen, se lo ha dado no sólo como compañero de vida, testigo de la virginidad y tutor de la honestidad, sino también para que participase, por medio del pacto conyugal, en la excelsa grandeza de ella. Él se impone entre todos por su augusta dignidad, dado que por disposición divina fue custodio y, en la creencia de los hombres, padre del Hijo de Dios. De donde se seguía que el Verbo de Dios se sometiera a José, le obedeciera y le diera aquel honor y aquella reverencia que los hijos deben a sus propios padres.

De esta doble dignidad se siguió la obligación que la naturaleza pone en la cabeza de las familias, de modo que José, en su momento, fue el custodio legítimo y natural, cabeza y defensor de la Sagrada Familia. Y durante el curso entero de su vida él cumplió plenamente con esos cargos y esas responsabilidades. Él se dedicó con gran amor y diaria solicitud a proteger a su esposa y al Divino Niño; regularmente por medio de su trabajo consiguió lo que era necesario para la alimentación y el vestido de ambos; cuidó al Niño de la muerte cuando era amenazado por los celos de un monarca, y le encontró un refugio; en las miserias del viaje y en la amargura del exilio fue siempre la compañía, la ayuda y el apoyo de la Virgen y de Jesús.
  

Ahora bien, el divino hogar que José dirigía con la autoridad de un padre, contenía dentro de sí a la apenas naciente Iglesia. Por el mismo hecho de que la Santísima Virgen es la Madre de Jesucristo, ella es la Madre de todos los cristianos a quienes dio a luz en el Monte Calvario, en medio de los supremos dolores de la Redención; Jesucristo es, de alguna manera, el primogénito de los cristianos, quienes por la adopción y la Redención son sus hermanos. Y por estas razones el Santo Patriarca contempla a la multitud de cristianos que conformamos la Iglesia, como confiados especialmente a su cuidado, a esta ilimitada familia, extendida por toda la tierra, sobre la cual, puesto que es el esposo de María y el padre de Jesucristo, conserva cierta paternal autoridad. Es, por tanto, conveniente y sumamente digno del bienaventurado José que, lo mismo que entonces solía tutelar santamente en todo momento a la familia de Nazaret, así proteja ahora y defienda con su celeste patrocinio a la Iglesia de Cristo.

(SS. León XIII, Encíclica "Quamquam pluries" 1889)

Consagración a San José ante las tribulaciones




¡Oid, querido San José,
una palabra mía!...
Yo me veo abrumada de aflicciones y cruces, y a menudo lloro...
Despedazada bajo el peso de estas cruces, me siento desfallecer, ni tengo fuerzas para levantarme y deseo que mi Bien me llame pronto. En la tranquilidad, empero, entiendo que no es cosa difícil el morir... pero sí el bien vivir.

¿A quién, pues, acudiré sino a Vos, que sois tan bueno y querido, para recibir luz... consuelo... y ayuda?

A Vos, pues, consagro toda mi vida, y en vuestras manos pongo las congojas, las cruces, los intereses de mi alma... de mi familia... de los pecadores... para que, después de una vida tan trabajosa, podamos ir a gozar para siempre con Vos de la bienaventuranza del Paraíso. Amén.

Jaculatoria:
(San José, Protector de atribulados y de los moribundos, rogad por nosotros)


Fuente - Texto tomado del Libro San José Custodio del Redentor - Caballeros de la Virgen 

sábado, 18 de marzo de 2017

Comienza con lo que tienes...



Comienza con lo que tienes, no con lo que te hace falta

Tú ya tienes todo lo que necesitas para comenzar a crear tu futuro. Sin embargo, a veces te encuentras diciendo: Si tan sólo tuviera esto; si al menos esto fuera distinto; si tuviera más dinero

No exageres la importancia de las cosas que no tienes. Empieza con lo que tienes. No con lo que te hace falta.

No permitas que aquello que no puedes hacer, te impida hacer lo que sí puedes. La pasividad prolongada paraliza la iniciativa. Para la mente que vacila, todo parece imposible.

No esperes que existan circunstancias extraordinarias para hacer el bien hazlo en las situaciones comunes. no necesitas más energía, habilidad ni mayores oportunidades. Lo que debes hacer es sacarle provecho a lo que ya tienes.

El encanto de lo distante y lo difícil es engañoso. La gran oportunidad se encuentra donde está'', 

Lo que puedes hacer ahora es la única influencia que tienes sobre tu futuro. La grandeza verdadera consiste en demostrar excelencia en las pequeñas cosas
No te quejes porque no tienes lo que quieres. Agradece no recibir lo que mereces.

No serás feliz hasta que no aprendas a sacarle provecho a lo que ya tienes. No te preocupes por lo que no tienes.

La alegría nunca vendrá a quienes no saben apreciar lo que ya poseen.
La mayoría de las personas cometen el error de buscar muy lejos aquello que está cerca.

Nunca alcanzarás mayores logros, a menos que te lances antes de estar listo. Nadie logró el éxito mientras esperaba que todas las condiciones fueran ideales''.

La Biblia dice:
El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará. Esto significa que si esperas a que se den las condiciones perfectas, nunca llegarás a nada.

No pierdas el tiempo con dudas y temores acerca de lo que no tienes. Dedícate de lleno a terminar la tarea que tienes en tus manos, sabiendo que el correcto desenvolvimiento actual es la mejor preparación para tus años venideros.
Simplemente hazlo, con lo que tienes


(Anónimo)

Un hombre tenía dos hijos...

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 15,1-3.11b-32.




Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.
Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos".

Jesús les dijo entonces esta parábola:

"Un hombre tenía dos hijos.
El menor de ellos dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de herencia que me corresponde'. Y el padre les repartió sus bienes.

Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.

Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones.

Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos.

El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.

Entonces recapacitó y dijo: '¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!

Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti;
ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros'.

Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.

El joven le dijo: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo'.

Pero el padre dijo a sus servidores: 'Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.

Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos,
porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado'. Y comenzó la fiesta.

El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza.

Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso.

El le respondió: 'Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo'.

El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara,
pero él le respondió: 'Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.

¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!'.

Pero el padre le dijo: 'Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo.


Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'".

Palabra del Señor


Un hombre tenia dos hijos: Apenas escucha un cristiano esta frase, recuerda la parábola del hijo pródigo. Ningún relato evangélico es más conocido que éste. La narración no se desgasta, aunque la releamos una y otra vez. Es un texto redondo que ilustra la grandeza del Padre celestial. Cuando advertimos tanta estrechez mental de parte de algunos bautizados hacia quienes no comprenden ni aceptan el camino cristiano, conviene que nos pongamos a releer este relato. El Padre nunca juzga a su hijo, solamente lo abraza y lo acoge. La profecía de Miqueas ya apuntaba en esa dirección. Las imágenes son muy expresivas: nada más distante para un habitante de Israel que la profundidad del océano. La imagen lo dice todo. Dios olvida para siempre. Jamás recuerda nuestras faltas. Quienes lo confesamos como nuestro Padre, estamos llamados a acoger, comprender y dialogar sensatamente con quienes se apartan de la casa del Padre.

viernes, 17 de marzo de 2017

Palabra de los viñadores malvados

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo  según San Mateo 21,33-43. 45-46




Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.

Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos.
Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon.

El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera.

Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: "Respetarán a mi hijo".

Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: "Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia".

Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron.

Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?».

Le respondieron: «Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo.»

Jesús agregó: «¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?

Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos.»

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos.

Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta.

Palabra del Señor

La codicia se aloja en el corazón, y puede dominar la  conciencia, al grado de no poner reparos ni a los crímenes más abyectos, las notas rojas de los diarios nos dejan helados, porque muchas veces el móvil de un asesinato, no suman ni el monto del pica-hielo empleado en el asalto. Ninguna cifra justifica un homicidio, ni transgredir los mandamientos de Dios, llegamos a esto porque el individuo a justificado sus abusos de mil maneras; a roto el fino equilibrio entre el derecho propio y el ajeno, el sentido de la justicia, Jesús es contundente al denunciar los abusos de los líderes religiosos, de los líderes políticos, quienes debiendo ser administradores se han adueñado de los bienes del precio de la vida misma de los hijos de Dios. Ni al dueño respetan!, también en las tareas de liderazgo religioso debemos implementar mecanismos eficientes que impidan abusos y atropellos y que den fruto a tiempo, la transparencia y la rendición de cuentas a la entera comunidad de fe es también una vía para establecer el reinado de Dios.

P. J. Garcia





miércoles, 15 de marzo de 2017

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

Cada día es una prueba de amor. Una prueba donde experimentamos nuestras dificultades, nuestras tentaciones y bajezas y nuestras caídas. Y, realmente, si no fuera, como nos dice el Papa Francisco en su audiencia de hoy, el amor de Dios, quedaríamos sin esperanzas y vencidos por la muerte. Es la Esperanza del Amor de Dios la que nos levanta, nos vigoriza y nos fortalece para continuar la lucha y para enmendarnos a su Misericordia con la esperanza de ser perdonados.

Nos reconocemos pecadores y desmerecedores del perdón. Sin embargo, el Amor de Dios, nuestro Padre, nos salva y por su Misericordia recuperamos el ánimo para seguir la lucha. Gracias, Santo Padre, por compartir estos criterios que nos animan y fortalecen para el camino.







PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 15 de marzo de 2017


Queridos hermanos y hermanas:

En la Catequesis de hoy, san Pablo nos recuerda que el secreto para mantenernos alegres en la esperanza es reavivar en nuestros corazones el amor de Dios.

Todos somos pecadores, pero el Señor, que es rico en misericordia, abre ante nosotros una vía de libertad y de salvación, que es la posibilidad de vivir el mandamiento del amor, dejándonos guiar por el corazón de Jesús Resucitado.

Vivir y actuar el mandamiento del amor es un don de la gracia de Dios; por eso, cuando amamos, hay que evitar caer en la hipocresía de buscar nuestros propios intereses, y también en la idea falsa de pensar que si amamos es sólo mérito nuestro.

La auténtica caridad nace del encuentro personal con el rostro misericordioso de Jesús, y nos lleva al encuentro sincero con los hermanos. Sólo de esta forma podremos mantenernos alegres en la esperanza, pues sabemos que a pesar de nuestras debilidades y fallos, y hasta en los momentos más difíciles, el amor de Dios nunca nos abandona, y nos impulsa a compartir con nuestros hermanos todo lo que cada día recibimos de él.


Saludos:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. En este tiempo de cuaresma, los invito a que, alegres en la esperanza, reaviven en sus corazones el amor que han recibido de Dios y lo compartan con todos los hombres con obras de caridad sincera. Que Dios los bendiga.

Tercer anuncio de la Pasión y resurrección...

Evangelio  de Nuestro Señor  Jesucristo según San Mateo 20,17-28.




Cuando Jesús se dispuso a subir a Jerusalén, llevó consigo sólo a los Doce, y en el camino les dijo:

"Ahora subimos a Jerusalén, donde el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas. Ellos lo condenarán a muerte
y lo entregarán a los paganos para que sea maltratado, azotado y crucificado, pero al tercer día resucitará".

Entonces la madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante él para pedirle algo.

"¿Qué quieres?", le preguntó Jesús. Ella le dijo: "Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda".

"No saben lo que piden", respondió Jesús. "¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?". "Podemos", le respondieron.

"Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre".

Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos.

Pero Jesús los llamó y les dijo: "Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad.

Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo: como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud".

Palabra del Señor


Jesús predice su pasión por tercera vez. Los discípulos aún no comprenden que el reino que anuncia es amor, solidaridad, servicio y entrega a los demás.



martes, 14 de marzo de 2017

Se digno de confianza...




A menos que uno pueda tener confianza en la integridad de aquellos que le rodean, uno mismo corre un riesgo. Cuando aquellos con los que uno cuenta le decepcionan, su propia vida puede volverse desordenada e incluso su propia supervivencia puede ser puesta en peligro.

La confianza mutua es el pilar fundamental más firme de las relaciones  humanas . Sin ésta, toda la estructura se viene abajo.


El ser digno de confianza es un bien altamente estimado. Cuando lo tiene, uno es considerado valioso. Cuando lo ha perdido, a uno se le puede considerar inservible.

Uno debería lograr que otros a su alrededor lo demuestren y lo merezcan. Como consecuencia se volverán mucho más valiosos para ellos mismos o para otros.

Cumple con tu palabra una vez dada. Como uno acepta un compromiso o hace una promesa o un juramento, uno debe hacer que se vuelva realidad. Si uno dice que va a hacer algo , debe hacerlo. Si uno dice que no va a hacerlo , no lo debe hacer.

El respeto de uno hacia otro está basado , en una pequeña medida, en si la persona mantiene o no su palabra. Hasta los padres , por ejemplo, se sorprenderían de la medida en que desmerecen ante la opinión de sus hijos, cuando una promesa no se cumple.

A la gente que cumple con su palabra se le tiene confianza y se le admira. A la gente que no lo hace, se le considera irresponsable y hay hasta quienes les llame basura. Aquellos que rompen su palabra frecuentemente, nunca obtienen otra oportunidad.

Una persona que no cumple con su palabra puede encontrarse pronto enredada y atrapada en toda clase de «garantías» y «restricciones», y hasta puede encontrarse a sí misma aislada de las relaciones normales con otros. No hay auto-exilio más completo de los compañeros de uno que el dejar de cumplir las promesas una vez hechas.

Uno nunca debería permitir que otro dé su palabra a la ligera. Y uno debería insistir en que, cuando se hace una promesa, ésta se debe cumplir. La vida de uno mismo puede volverse muy desordenada al tratar de asociarse con gente que no cumple con sus promesas. No es cosa del azar.

El camino a la felicidad es mucho más fácil de recorrer con gente en la que uno puede confiar.


 L.Ronald Hubbard

lunes, 13 de marzo de 2017

Sean misericordiosos, como el Padre es misericordioso...

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 6,36-38.




Jesús dijo a sus discípulos:

«Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso.

No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.

Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. 

Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes».


Palabra del Señor


Las sentencias que siguen, en Lucas, no se refieren a los enemigos, sino a los hermanos, son reglas claras, como pilares que rigen la vida de la comunidad de los discípulos: “No juzguen y no serán juzgados, no condenen y no serán condenados, den y se les dará” (6,37-38). En la comunidad se viven relaciones nuevas de amor reciproco, pero estas siempre están bajo la insidia del mal, por eso mismo al interno de la comunidad el amor tiene siempre el rostro de la misericordia.

Detengámonos brevemente en cada uno de los puntos que Jesús propone para nuestro ejercicio de la misericordia, dilatando nuestro corazón a la manera del Padre en esta Cuaresma.

“No juzguen y no serán juzgados”

Juzgar es colocarse en el lugar de Dios considerarse a sí mismo como la medida de todo; mi juicio contra el hermano es más grave que su mismo pecado, porque es negar al Padre en su misericordia.

“No condenen y no serán condenados”

Mientras el juicio es un acto interno, condenar es expresar externamente el juicio. El Padre en lugar de condenarnos se compadece, nos perdona y confía tan profundamente en nosotros que nos entrega la administración de su misericordia el siempre actúa a través de mediaciones, su compasión y su misericordia pasan a través de mi o no pasan.

Cada uno de nosotros es como una llave de agua, tenemos el poder de abrir o de cerrar la fuente inagotable del amor misericordioso que a todos ha sido donado en Cristo Jesús.

“Den y les será dado”

Jesús no indica que es lo que tenemos que dar, simplemente dice den, como para enfatizar esa actitud de donación que debe caracterizar nuestro discipulado; vivir para los otros, sin retener nada de sí, nada para sí, como Jesús que se auto donó siempre más hasta la muerte.

En la medida en la cual nos donamos a los otros también recibimos de parte de Dios, quien nos dará su amor, y el inmenso don de ser como El configurándonos con su Hijo.

“Porque con la medida con que midan serán medidos”

Dios renuncia a medirnos y juzgarnos, dejando que seamos nosotros mismos quienes nos damos la medida y nos juzgamos, según el amor y la misericordia que ofrecemos a los otros. Mi juicio final y mi salvación corresponderán a la misericordia que ofrezco hoy al otro.

Al acoger y gustar la misericordia que el Padre en Jesús tiene para con cada uno de nosotros nos vamos transformando poco a poco en la expresión viva de esta inagotable compasión de Dios.






Tabor...símbolo de la vida de oración del apóstol.


Jesús se ha sumergido en el Espíritu que lo llena y se ha perdido en profunda contemplación. Su rica vida interior, su vida espiritual, el fuego que lo invade, rompe su humanidad y se hace luz y belleza, blancura y hermosura. Jesús deja que la divinidad que lo llena se irradie a través de su humanidad para que los suyos lo contemplen glorioso, exaltado, resplandeciente. Es como una experiencia anticipada de su resurrección, Da sentido profundo a la cruz, camino de la luz gloriosa. 

Con el dialogan Moisés, el líder de su pueblo, el gran contemplativo y libertador de Israel,  y Elías, el profeta de fuego, el gran orante que arrancaba de Dios la lluvia y el fuego, la paz y la guerra. El orante es fuerza y sabiduría de Dios en el mundo.


Jesús lleva consigo a Juan, Santiago y Pedro, quiere que se embriaguen de la experiencia de la luz, de la belleza de su esplendor. Los tres discípulos están idos. Los posee la admiración, encantamiento, el sentirse pequeños. Se sienten seducidos, fascinados, deslumbrados por la hermosura soberana de Jesús. Los tres son todo ojos para verlo lleno de grandeza; son todo oídos para escuchar los sentimientos de su corazón; son todo olfato para sentir el aroma de su belleza; son todo gusto para saborear la dulzura del Señor; son todo tacto para tocar desde la fe al Dios y Hombre; al Hombre y Dios. Luego, lo que han visto, han oído, han gustado y tocado, es lo que anuncian.

Es el momento cumbre en el que el Padre se manifiesta expresando todo su amor al hijo. Y le dice "Éste es mi hijo amado, mi predilecto, escúchenlo". Y ellos se sienten amados del Padre, escogidos del Padre, predilectos del Padre en Jesús. Ellos no están en ellos; están sumergidos en la divinidad de Jesús que irradia su humanidad. Los tres sienten que es bueno quedarse allí. Los tres se dejan penetrar por la nube luminosa, el Espíritu, que los cubre y fecunda. Los tres se sienten transportados, transfigurados, renacidos en el Hijo amado.

¿Cuanto tiempo pasó? El orante pierde las coordenadas del tiempo y del espacio. Entra en una experiencia del totalmente Otro, de la eternidad. El orante saborea ya la vida eterna, la luz eterna, la paz eterna.  Cuando se quieren dar cuenta se quedan "con Jesús solo". Vuelve ante el Jesús humano que guarda dentro la divinidad. Lo sienten más Hijo de Dios, más el Cristo. Los tres escuchan a Jesús que les habla de lo mucho que va a sufrir en otro monte: el Gólgota.

Y bajan despacio. Y han intuido que la misión clama por espacios de contemplación. Porque llevan en el alma una fuerza, un fuego capaz de incendiar la tierra. Ahora sí; ahora serán capaces de "tomar parte en los duros trabajos del Evangelio"; ahora entienden que Dios "no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fuerza, amor y buen sentido". Ahora saben que la acción sin la contemplación no es misión. Y caminan con Jesús al ritmo de su paso.

Sin oración la misión no tiene fuerza para ayudar a cambiar los corazones. La oración es el alma de todo apostolado. El mismo Jesús lo dice: "Quién está unido conmigo y yo con él, ése da mucho fruto. Porque separados de mí, no pueden hacer nada".  La oración es cuestión de fe. Somos orantes  en la medida en que somos creyentes; aún la misma fe depende de la vida de oración. Quien ha descubierto a Jesús como orante  ha encontrado un tesoro.  Un orante, donde realiza su misión, hace presente a Jesús; lleva en las venas de su alma el fuego del Espíritu, sabe estar a solas con Jesús y sabe también llevar a los hermanos el fuego de Jesús.