domingo, 11 de septiembre de 2016

LA ESENCIA DEL AMOR

(Lc 15,1-32)


El amor no es para darlo sólo a los que te corresponden o te obedecen, pues ese amor es fácil y no necesita ningún esfuerzo. El amor se descubre en la exigencia, en la necesidad, en la pobreza y hasta en la desobediencia. El amor es para darlo a los pecadores, a los que, precisamente, no aman y necesitan de conversión para amar. No tendría sentido ninguno amar a los que te aman.

Y no se entiende lo que murmuran los fariseos y escribas cuando ven a Jesús entre los publicanos y pecadores. No se entiende porque son ellos lo que lo necesitan y a los que viene Jesús. No son los que tienen amor los que lo necesitan, sino aquellos que están marginados, que viven en el desamor y el pecado. Sin embargo, las apariencias engañan, y, quizás, los que se creen más limpios, están más sucios. 

De cualquier manera, la parábola de la oveja perdida deja muy claro el sentido del criterio de Dios. Son los necesitados los preferidos de Jesús y los que necesitan de su Amor. Por eso, habrá más alegría por la conversión de un pecador que por noventa y nueve justos que no la necesitan. Porque esa es la misión, redimir a los pecadores. Y ese es el secreto, la Misericordia de Dios. Gracias a ella estamos salvados.

Dios nos ama misericordiosamente, hasta el punto de, no mereciéndonos el perdón, recibirlo. Experimentar ese agradecimiento nos acerca al Señor y nos descubre su Amor. Jesús nos lo describe magistralmente en la parábola del Padre misericordioso. Conocerla, meditarla y reflexionarla es vital para entender como nos ama Dios. Un Padre que nos busca, nos espera, nos atiende, nos deja en plena libertad, pero se preocupa por nuestra elección y lejanía, y aguarda esperanzado que nos demos cuenta y le entendamos. Y nos aguarda con paciencia esperando nuestro regreso.

Tengamos mucho cuidado de adherirnos a la actitud del hermano mayor. Son, quizás, los fariseos y escribas de nuestro tiempo, los que murmuramos el amor del Padre. Podemos, sin darnos cuenta, estar en esa actitud, acomodados, instalados y creídos que somos los buenos hijos y los merecedores del amor del Padre.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

Posiblemente, el Papa, nos ayuda a discernir sobre la idea que nos hemos formado de Jesucristo o la que nos gustaría tener o esperar. Nuestro mundo no nos ayuda mucho a comprenderle, porque nuestros pensamientos son de este mundo y Jesús viene de otro, del único y verdadero mundo. Incluso, Juan el Bautista, precursor de Jesús, envía discípulos para cerciorarse y saber si es Jesús el esperado y el que había de venir.

Afortunadamente, la Obra de Jesús despeja todas las dudas y allana el camino. Su Misericordia habla por sí sola y revela el Amor del Padre. Un Padre que nos abre su Infinito Corazón y nos llama a la conversión y a la Vida plena en su presencia.



PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 7 de septiembre de 2016


Queridos hermanos y hermanas:

En el evangelio de Mateo escuchamos la pregunta de Juan el Bautista: «¿Eres tú el que ha de venir?» Jesús responde mostrando las obras de misericordia que realiza con los enfermos y desheredados, y de las que son testigos los discípulos del profeta.

Jesús, el Mesías esperado, es el instrumento concreto de la misericordia del Padre, que sale al encuentro de todos llevando consuelo y salud, y, a través de los signos de la bondad divina, llama a todos a la conversión, para que encuentren el camino de regreso al Padre.

La forma de actuar de Jesús puede escandalizar a muchos, porque no se adecua a la idea que se han formado de él, pero nos alienta a aceptarlo como el Mesías que se revela en las obras que cumple, siguiendo la voluntad del Padre. El cristiano cree en el Dios de Jesucristo, y tiene el deseo de crecer en la experiencia viva de su misterio de amor, que lo empuja a la misión de trasformar el mundo y la historia.


Saludos
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los provenientes de España y Latinoamérica. Esforcémonos en no ser obstáculo de la misericordia del Padre, sino al contrario, pidamos al Señor que incremente nuestra fe, para ser signos e instrumentos de su misericordia. Que Dios los bendiga.

domingo, 4 de septiembre de 2016

JESÚS, EL PRIMERO Y LO PRIMERO

(Lc 14,25-33)

En nuestro seguimiento a Jesús no puede haber otro antes que Él. Sería imposible seguirle si Él no fuese el primero. Porque, seguirlo pudieras, pero no como Él quiere ser seguido. Si te fijas y nos fijamos todos, Jesús no nos da parte de su Vida, sino que la entrega toda. Se da el mismo entero, haciéndose pan y partiéndose para que todos podamos comerlo y alimentarlo. ¿Cómo se va a conformar con recibir un poco de ti y no todo tu ser?

¿Y cómo puedes seguirle si no lo haces desde toda tu persona, todas tus fuerzas y todo tú mismo? Es de sentido común que seguir a Jesús es ponerlo en el centro de tu vida y posponer todo lo demás. Así nos lo dice en el Evangelio de hoy domingo: «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío.»

Está claro. Eso no significa que tengamos que abandonar a nuestras familias: padres, madres, hermanos, esposa, hijos...etc. Se trata que delante de ellos está el amos a Jesús, su elección y seguimiento. Y si hay algún obstáculo, entre ellos los nombrados, que nos ponga dificultad para seguirle, debemos dejarlo para seguir a Jesús. Y así ha sucedido en algunos casos particulares de santos que se han tenido que enfrentar a sus familias para optar el camino de seguimiento a Jesús.

Viajar siguiendo a Jesús, no es simplemente acompañarle, sino participar y vivir en el camino con Él sus mismas emociones y compasiones de amor con los demás. Seguir a Jesús es comprometerse con amarle amando a los que tienes a tu lado y cerca de ti, y también a los que la vida te va presentando en tu propio camino. Seguir a Jesús es sentirte samaritano como el samaritano, valga la redundancia, de la parábola que Jesús nos dijo.

miércoles, 31 de agosto de 2016

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

A ti y, también a mí, nos sucede algo de eso. Posiblemente no sea la misma enfermedad, flujos de sangre, pero sí la misma búsqueda: "La Felicidad". Queremos sentirnos bien, satisfechos, alegres y en paz. Y en este mundo, que en apariencias nos promete mucho, no hay nada. Todo es superficial y vacío. Su oquedad es notoria y esconde el sin sentido y la nada.

En esa disyuntiva, salud o muerte. Es decir, vida, alegría y felicidad o enfermedad, tristeza y muerte, aquella mujer cananea se debatía en alcanzarla o resignarse al sufrimiento. Y encuentra en Jesús la respuesta a su búsqueda. ¿Por qué no intentarlo? Llena de fe y de voluntad se aventura a buscarlo y, por su condición de extranjera, simplemente a tocarlo. Y la Misericordia del Señor hace el resto.

El Papa Francisco nos pone el dedo en la llaga. ¿Buscamos nosotros a Jesús con el deseo de tener un encuentro personal con Él? ¿Creemos, como la cananea, que en Él está la solución y respuesta a nuestros interrogantes de felicidad y eternidad?





PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 31 de agosto de 2016


Queridos hermanos y hermanas:

Como hemos escuchado en el Evangelio, una mujer que sufría flujos de sangre se abrió paso entre la multitud para tocar el borde del manto de Jesús. Estaba convencida de que Jesús era el único que podía liberarla de su enfermedad y de la marginación que sufría desde hacía bastante tiempo.

Cuando la mujer tocó el manto, Jesús se volvió hacia ella y la miró con ternura y misericordia. Fue un encuentro personal, un encuentro de acogida, en el que Jesús alabó su fe sólida, capaz de superar cualquier obstáculo y adversidad.

Jesús no sólo la curó de su dolencia, sino que la libra de sus temores y complejos, le restituye su dignidad y la reintegra en la esfera del amor misericordioso de Dios. Jesús es la fuente de todo bien y de él nos viene la salvación; nosotros debemos acogerlo con fe viva y auténtica, como demostró tener esa mujer.

Saludos
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los venidos de España y Latinoamérica. Que el ejemplo de Jesús nos ayude a salir al encuentro de quien está solo y necesitado, para llevar su misericordia y ternura, que sana las heridas y restablece la dignidad de hijos de Dios. Muchas gracias.

domingo, 28 de agosto de 2016

MEJOR ÚLTIMO QUE PRIMERO

(Lc 14,1.7-14)

Nuestra natural inclinación es ocupar los primeros puestos. Siempre nuestros deseos son ser más que lo otros. Somos arrogantes, altaneros y soberbios, y nos cuesta ser menos o estar debajo de otros. Y cuando hacemos una fiesta y  confeccionamos la lista de invitados, lo hacemos por categorías e intereses, desechando a aquellos que nada pueden darnos. Todo lo contrario de lo que Jesús nos dice hoy en el Evangelio, que nos exhorta a buscar los últimos puestos y a ser humildes.

Porque la humildad es el camino, y quien se humilla será ensalzado. Pero quien se ensalza acabará humillado. Y esto sucede en nuestro mundo de hoy. Hay una gran competencia por ser más. Yo más que tú, y esa actitud de arrogancia y altivez es la causa de muchas guerras familiares, amigos y compañeros. Guerras en empresas y sociedades comerciales porque yo quiero ser más que tú.

Y todo lo hacemos movido por intereses y contra prestaciones a cambio. No hacemos una fiesta sin ningún interés.  Todo está pensado para conseguir, a medio o largo plaza alguna prestación que nos convenga. Así está el mundo, lleno de favores e intereses. Y así se mueve la política y los gobiernos, mientras los ciudadanos sufren las consecuencias de los egoísmos de otros.

El sentido común nos dice que siempre hay otro más grande que tú, y que lo lógico y de buen gusto es actuar con prudencia, humildad y sencillez ante los demás. Porque, además, todo te ha sido dado, así que de nada puede sentirte meritorio. Y actuando con sencillez y humildad conseguirás mejores resultados, porque, como nos dice Jesús, serás ensalzado.

Y todo aquello que ha sido dado gratuitamente sin posibilidad de devolver, será recompensado en su momento y en su hora. Porque a nuestro Padre Dios no se le escapa nada.

domingo, 21 de agosto de 2016

LIMITARNOS A LUCHAR

(Lc 13,22-30)

Mientras hay vida hay esperanza. Y mientras hay vida estaremos también en peligro, porque hasta hasta el momento final, la muerte, la tentación nos puede sorprender. Estas Palabras de Jesús en el Evangelio de hoy nos inducen a pensar así: «Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos!’. Y os responderá: ‘No sé de dónde sois’. Entonces empezaréis a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas’; y os volverá a decir: ‘No sé de dónde sois. ¡Retiraos de mí, todos los agentes de injusticia!’. Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios. Y hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos».

Por eso, porque no sabemos qué puede pasar, necesitamos estar vigilantes y preparados. Y en constante esfuerzo para entrar por la puerta estrecha. Es la puerta que exige paciencia, escucha, comprensión y mucha humildad. Es la puerta que siempre está abierta, pero que nuestra humanidad pecadora levanta una muralla que se hace difícil de superar. Es la puerta por la que tenemos que entrar ligeros y despojados de todo aquello que contamina y nos impide atravesarla.

Necesitamos despojarnos de nuestra avaricia, de nuestra pereza, comodidades y egoísmos. Necesitamos fortalecernos para cumplir con nuestras responsabilidades y, sobre todo, ser humildes para, a pesar de vernos impedido para atravesar la puerta estrecha, no dejar de esforzarnos y pedirle al Señor que nos ayude a superarla. Sólo en Él podemos lograrlo.