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domingo, 4 de junio de 2017

CATEQUESIS



La próxima semana terminan las catequesis. Habrá una el lunes, 20 horas después de la Eucaristía de las 19, 30. También el miércoles y terminaremos con una convivencia voluntaria el fin de semana.

Nunca es tarde para aquellos que no han asistido a las ya compartidas. Porque, el Espíritu sopla cuándo, dónde y cómo, y está entre nosotros. Así que si sientes que te llama, acude y no pierdas esa oportunidad de responderle.


Hasta luego.

jueves, 30 de octubre de 2014

EL GOZO DE PERTENECER A TU PARROQUIA

«¿Necesitará mi parroquia algo de mí? ¿Necesitará catequistas? ¿Necesitará mis conocimientos profesionales como voluntario? ¿Necesitará que sea generoso con mi dinero?»


Día de la Iglesia Diocesana 2014
Nacidos de las aguas bautismales somos miembros de la Iglesia. ¡Qué tiempos tan bonitos nos ha tocado vivir! Unos tiempos que nos hablan de un mundo muy necesitado de Dios, muy necesitado de esperanza y muy necesitado de la alegría de un Dios que ama a los hombres. Este es el Dios que anuncia la Iglesia y el Dios en el que creemos: el Dios de Jesucristo.

Igual que muchas familias, padres, hijos, abuelos, se reúnen los domingos para comer y lo viven con alegría, también la familia de los hijos de Dios nos reunimos el domingo en la eucaristía, en el banquete al que Dios nos. Quizá no seamos conscientes de la alegría y del gozo que supone «poder ir a misa». Nos reunimos con nuestros hermanos en el nombre del Señor. Así comenzamos cada eucaristía: «En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo».a tocado vivir! Unos tiempos que nos hablan de un mundo muy necesitado de Dios, muy necesitado de esperanza y muy necesitado de la alegría de un Dios que ama a los hombres. Este es el Dios que anuncia la Iglesia y el Dios en el que creemos: el Dios de Jesucristo.

En el Día de la Iglesia Diocesana celebramos que vivimos nuestra fe en una parroquia concreta, en una diócesis determinada con otros cristianos de todas las edades, y con los sacerdotes y religiosos. Celebramos que nos preside en la fe y en la caridad un obispo. Estamos llamados a experimentar todas estas alegrías nacidas del bautismo en el seno de la maternidad de la Iglesia. No vivimos la fe en soledad, sino en comunidad junto a otros hermanos nuestros.

¿Cómo desentendernos de nuestra Iglesia diocesana? ¿Cómo no preocuparnos por nuestra parroquia? En la parroquia hemos recibido el don de la fe por el bautismo, que es el mayor regalo de amor, de misericordia, de comprensión, de alegría, que se nos da. Pero lo que hemos recibido gratis, hemos de darlo gratis. ¿Necesitará mi parroquia algo de mí? ¿Necesitará catequistas? ¿Necesitará mis conocimientos profesionales como voluntario? ¿Necesitará que sea generoso con mi dinero?

Por eso, «Participar en tu parroquia es hacer una declaración de principios». Es reconocernos hijos de Dios, hermanos unos de otros, miembros de la misma comunidad parroquial, insertada en la gran comunidad de la diócesis.

jueves, 10 de julio de 2014

EN CASA DEL PADRE



Se hace difícil hablar de algo de lo que estamos lejos, pero que, en el fondo, a todos nos gustaría llegar. Porque todos estamos dentro de la misma Casa al considerarnos hijos del mismo Padre. Se hace difícil entender que, siendo hijos de un mismo Padre y encontrarnos en la misma Casa y participar del mismo Banquete, luego en la calles nos ignoremos y hasta seamos indiferentes los unos a los otros.

No se trata de buscar culpables, sino de asumir nuestra propia culpabilidad. Quizás convenga culparnos de no hacer esfuerzos por provocar encuentros, por acercar una sonrisa, unas palabras y acogernos como hermanos e hijos de un mismo Padre. Descubrimos que sólo nos vemos, casi sin mirarnos y menos darnos un saludo. Confesamos que nos da lástima, pero aceptamos que es la realidad.

Y si no crecemos en ese esfuerzo de acércanos, estamos quizás cumpliendo, pero no viviendo la actitud ni el estilo de Jesús. Hace falta provocar en las parroquias encuentros semanales o quincenales donde tomar un café y hablar relajadamente por espacio de un tiempo sereno, tranquilo, sin prisas y ameno, y con el debido respeto, sigilo y libertad. Y sin buscar metas, resultados ni proyectos. Simplemente acercarnos, conocernos y saber que somos hijos de un mismo Padre.

Sin exigencias ni métodos didácticos ni estratégicos. Simplemente de nuestras apetencias, problemas, preocupaciones o aspiraciones, pero eso sí, sabiendo que es Jesús quien nos convoca y nos reúne para provocar nuestro acercamiento y que empecemos a amarnos como Él nos ama.

Es lamentable, y descubre nuestra actitud farisaica, que ocurran cosas o problemas entre los feligreses comprometidos de una parroquia o comunidad, y muchos, por no decir casi todos, no nos enteramos, al menos para rezar los unos por los otros y, si hay posibilidad tratar de ayudarnos.