domingo, 15 de junio de 2014

CREA EN MÍ, SEÑOR, UN CORAZÓN NUEVO



Sin lugar a duda, amar es la plenitud del corazón del hombre. Y se experimenta cuando te sientes rechazado, excluido y fuera del círculo de amigos. LLegas incluso a hacer locuras por ser aceptado. El amor pide la exigencia de ser correspondido y en el terreno amoroso del noviazgo, el no ser correspondido origina fracaso, depresión y sentimientos de infelicidad.

Pero, lo sorprendente y grande es que el Amor de nuestro Padre Dios supera esa barrera y ama aún no siendo correspondido. La plenitud del Amor es identificarnos con el Amor de Dios y amar por encima de ser o no correspondido. Es decir, darse gratuitamente sin condiciones. Esa es la locura de Amor de Dios, y por la cual entrega, hasta la muerte, a su Hijo. 

Una entrega gratuita, voluntaria y plena hasta el extremo de abrazar la Cruz por cada uno de nosotros. Por ti y por mí, para invitarnos a la salvación eterna en el amor de unos para con otros tal y como Él nos ha amado y nos ama en el Nombre del Padre.

Dejarnos limpiar de tantas malas intenciones, resentimientos, pecados y fracasos es la mejor manera de decirle al Señor que creemos en Él, y disponer nuestro corazón de forma sencilla, humilde, callada y obediente a la acción del Espíritu Santo es confirmarle que no sólo creemos sino que queremos seguirle hasta la eternidad prometida.

jueves, 12 de junio de 2014

Papa Francisco: «todo viene de la gracia y nuestra fuerza real está únicamente en seguir al Señor Jesús»



«Con el don del temor de Dios, del que hablamos hoy -ha dicho el Papa en la audiencia General-, concluye la serie de los siete dones del Espíritu Santo. Ese don no significa tener miedo de Dios -ha destacado-: sabemos bien que Dios es nuestro Padre, que nos ama y quiere nuestra salvación, nos perdona siempre, ¡así que no hay razón para tenerle miedo! El temor de Dios, sin embargo, es el don del Espíritu que nos recuerda lo pequeños que somos ante Dios y su amor, y que nuestro bienestar llega cuando nos abandonamos en sus manos con humildad, respeto y confianza». Leer más...

miércoles, 11 de junio de 2014

AUDIENCIA GENERAL DEL PAPA FRANCISCO



Queridos hermanos:

El temor de Dios, don del Espíritu Santo, no quiere decir tener miedo a Dios, porque sabemos que Dios es nuestro Padre, que nos ama, nos perdona siempre. Cuando el Espíritu Santo habita en nuestro corazón, nos infunde consuelo y paz, aquella actitud de la persona que deposita toda su confianza en Dios y se siente protegido, como un niño con su papá.

Este don del Espíritu Santo nos permite imitar al Señor en humildad y obediencia, no con una actitud resignada y pasiva, sino con valentía, con gozo. Nos hace cristianos convencidos de que no estamos sometidos al Señor por miedo, sino conquistados por su amor de Padre. Leer más...

lunes, 9 de junio de 2014

SANTA MISA CON LOS ORDINARIOS DE TIERRA SANTA Y CON EL SÉQUITO PAPAL. HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO

Cenáculo, punto de partida de la Iglesia

Es un gran don del Señor estar aquí reunidos, en el Cenáculo, para celebrar la Eucaristía. Al saludarles a ustedes con fraterna alegría, quisiera mencionar con afecto a los Patriarcas Orientales Católicos que han participado, durante estos días, en mi peregrinación. Les agradezco su significativa presencia, que tanto valor tiene para mí, y les aseguro que tienen un puesto especial en mi corazón y en mi oración. Aquí, donde Jesús consumó la Última Cena con los Apóstoles; donde, resucitado, se apareció en medio de ellos; donde el Espíritu Santo descendió abundantemente sobre María y los discípulos. Aquí nació la Iglesia, y nació en salida. Desde aquí salió, con el Pan partido entre las manos, las llagas de Jesús en los ojos, y el Espíritu de amor en el corazón. Leer más...

domingo, 8 de junio de 2014

JESÚS RESUCITADO SE HACE PRESENTE EN CADA UNO DE NOSOTROS

(Jn 20,19-23)


Jesús continúa su labor evangelizadora: "Anuncia que el Padre nos ama y nos busca para darnos el gozo de la vida eterna a su lado". Y lo hace en el Hijo, enviado para revelarnos esa Buena Noticia del Amor del Padre. Ahora, Jesús hecho Hombre, la segunda Persona de la Santísima Trinidad, asciende a los Cielos, pero, Resucitado,  continúa su labor evangelizadora en la tierra.

Es el Espíritu de Jesús quien, desde el corazón de los apóstoles, aquel día de Pentecostés, continúa la labor evangelizadora en la Iglesia y desde el corazón de cada creyente. Por eso, no debemos tener miedo en no saber que decir, o miedo a fracasar y no dar la talla. Nos experimentamos pecadores, cargados de defectos, y fallos e imperfecciones que no dan buen ejemplo ni alcanzan la dignidad necesaria para ser buenos testigos y luces para otros.

Sin embargo estamos ahí por la Gracia de Dios. Porque Él ha querido, como a los apóstoles, elegirnos para ser instrumentos de evangelización. Ahora, Él lo hace en su Espíritu a través de la Iglesia, y también lo hacemos cada uno de nosotros cuando abrimos nuestro corazón a la acción del Espíritu. Sabe de nuestras dudas y tribulaciones, por eso nos enseña sus Manos y Costado para que tengamos pruebas de que es Él. Y nos transmite su Paz.  

Porque sólo en la Paz podemos dejar pasar la Luz del Espíritu Santo que nos ha sido enviado y que mora dentro del corazón de cada creyente. Porque la Paz es el hogar del Amor y con amor podemos testimoniar al mundo que Jesús Vive.

miércoles, 4 de junio de 2014

AUDIENCIA GENERAL DEL PAPA FRANCISCO



Queridos hermanos y hermanas:
En la catequesis de hoy mencioné el don de la piedad. Esta palabra, “piedad”, no tiene aquí el sentido superficial con que a veces la utilizamos: tener lástima de alguien. No, no tiene ese sentido.
La piedad, como don del Espíritu Santo, se refiere más bien a nuestra relación con Dios, al auténtico espíritu religioso de confianza filial, que nos permite rezar y darle culto con amor y sencillez, como un hijo que habla con su padre. Es sinónimo de amistad con Dios, esa amistad en la que nos introdujo Jesús, y que cambia nuestra vida y nos llena el alma de alegría y de paz. Leer más...

domingo, 1 de junio de 2014

PERMANECE CON NOSOTROS. ES PALABRA DE DIOS

(Mt 28,16-20)

Se va, y ya en adelante no se dejará ver, pero nos promete y confirma que estará con nosotros hasta el final: «Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo». Y es que el Espíritu de Jesús Resucitado vive y está entre nosotros, y continúa su misión en la tierra a través de su Iglesia en todos sus discípulos: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado». 

Anunciar significa vivir primero lo anunciado. Me compromete mucho, y doy gracias a Dios, que al ser agente de evangelización, anuciando las enseñanzas de Jesús y lo que nos ha mandado guardar, a personas privadas de libertad y a padres que se acercan a la Iglesia, quizás por tradición y no tanto por una fe comprometida y responsable, experimento que soy un pecador y que mi vida queda muy por debajo de lo que anuncio y predico.

Experimento también que sólo el Señor: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra», puede hacer que los corazones de las personas despierten y vean para que decidan seguirle. No cabe ninguna duda que todos, quizás con sombras más que luces, tengan cerrados sus ojos a lo que verdaderamente buscan, pues la felicidad eterna es el tesoro que todos ansían. Sin embargo lo buscan en este mundo donde todo es caduco y efímero.

Danos Señor la Gracia de que nuestra proclamación de tu Evangelio y nuestras palabras vayan acorde y en sintonía con nuestra vida. Amén.