domingo, 7 de septiembre de 2014

TÚ ESTÁS CON NOSOTROS PORQUE NOS LO HAS DICHO



Es tremendo y esperanzador reflexionar sobre las últimas palabras del Evangelio de hoy: «Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

Supongo que lo creemos, pero también supongo que no terminamos de creérnoslo , porque no mantenemos una perseverancia que lo manifieste. Ocurre todo lo contrario en santa Mónica que perseveró en su súplica al Señor por la conversión de su hijo Agustín. 

De la misma manera callamos, por no descubrirnos creyentes, ante las malas acciones que otros puedan cometer en nuestra presencia, sin atrevernos a reprenderlos. Nos hacemos con nuestro silencio cómplice de su mala conducta y descubrimos una fe descomprometida y sin ninguna firmeza. ¿En quién creemos y qué defendemos? Es verdad que hay situaciones muy difíciles de descubrir y compartir y necesitamos luz y asistencia del Espíritu Santo.

Por eso, te rogamos Señor que nos des la sabiduría y el valor de discernir y de reprender todo aquello que atente conta la dignidad del hombre. Amén.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

AUDIENCIA GENERAL PAPA FRANCISCO



Queridos hermanos y hermanas:

Nadie se hace cristiano a sí mismo: nacemos y crecemos en la fe dentro del pueblo de Dios. Por eso decimos que la Iglesia es Madre, porque nos da vida en Cristo y nos hace vivir junto a otros hermanos en la comunión del Espíritu Santo.

El modelo de la maternidad de la Iglesia es la Virgen Madre. El nacimiento de Jesús en el seno de María como primogénito de muchos hermanos es como el preludio de la vida nueva que reciben los cristianos en el bautismo. 

La Iglesia también es madre porque nos cuida como hijos y nos indica el camino de la salvación. Leer más...

domingo, 31 de agosto de 2014

EMPEÑADOS EN HACER NUESTRA VOLUNTAD



Mt 16, 21-27


En muchas ocasiones rechazamos la Voluntad de Dios y queremos imponer la nuestra. Son esos momentos en los que nuestros egoísmos nos superan y nos someten, e incluso nos parecen más acertados, mejores y convenientes que los que nos propone Dios. Es el caso que hoy nos relata el Evangelio de hoy cuando Pedro se lleva a parte a Jesús y empieza a increparlo: « ¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte».

Sin embargo la respuesta de Jesús fue contundente y firme: Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios». Realmente Jesús nos descubre y nos retrata. Nuestros pensamientos no son como los de Dios. Son pensamientos egoístas, materiales, caducos que no ven más allá de lo finito.

No cabe en nuestra cabeza que la vida empieza por la muerte, la muerte en este mundo caduco que sólo nos sirve de purificación y de medio para conseguir la verdadera, la que precisamente Jesús nos propone: «El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si malogra su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del Hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta»

Indudablemente, no se puede hablar más claro, pero, ¡asombrosamente!, no parecemos estar más ciegos todos aquellos que no queremos entender y abrir nuestros corazones a su Palabra. Pedro así lo entendió y supo acatar y permanecer en la obediencia a la Palabra de Jesús.

Te pedimos Señor nos des la luz y la sabiduría necesaria para entender y obedecer tu Palabra haciéndola vida en nuestras vidas. Amén.

viernes, 29 de agosto de 2014

Comunes en protestantes, peligrosas también para católicos 6 excusas débiles -pero no infrecuentes- que usan las parejas cristianas para romper su matrimonio



J. Lee Grady, antiguo editor y actual columnista de prestigio de la revista norteamerica “Charisma” (protestante carismática), ha escrito una enumeración de “excusas débiles” que dan los cristianos al divorciarse o separarse. 

Hay que tener en cuenta que el divorcio tiene en Estados Unidos una tradición mucho más antigua que en España, que las iglesias protestantes no creen en el matrimonio como sacramento y permiten el divorcio por causas “justificadas” (varían de unas a otras) y que han pasado ya más de 40 años desde que Ronald Reagan firmara la primera ley de “divorcio sin culpa”, que facilitaba las rupturas sin causa necesaria (a Reagan le presionó para aprobar esta ley el congresista James A. Hayes, cuya mujer quería divorciarse acusándole de “crueldad” y necesitaba evitarlo acogiéndose a una ley de divorcio “sin causa”; Reagan se arrepentiría de abrir esa puerta, como se explica aquí).  Leer más...

jueves, 28 de agosto de 2014

AUDIENCIA GENERAL DEL PAPA FRANCISCO



Queridos hermanos y hermanas:

Cuando recitamos el “Credo”, decimos que la Iglesia es “una” y “santa”, aunque sabemos por experiencia que está compuesta de pecadores y que no faltan divisiones.

Jesús, antes de su Pasión, pidió por la unidad de sus discípulos: “que todos sean uno”. Nos confía así su deseo de que la unidad sea una de las notas características de nuestra comunidad.

Los pecados contra la unidad no son sólo los cismas, sino también las cizañas más comunes de nuestras comunidades: envidias, celos, antipatías, sacarle el cuero a los demas… Esto es humano, pero no es cristiano. Leer más...

domingo, 24 de agosto de 2014

UNA PREGUNTA DIRECTA QUE PIDE RESPUESTA


Mt 16, 13-20

Una pregunta difícil de responder, primero, porque nuestra mente no está al alcance ni a la altura de poder comprender la identidad divina de Jesús, y segunda, porque sólo desde la fe apoyada en la revelación de Jesús y  la proclamación y testimonios de la Iglesia sustentada en la cátedra de Pedro, podemos afirmar que Jesús es el único y verdadero Hijo de Dios.

Sin lugar a duda que aquella afirmación de Pedro a la pregunta de Jesús era la señal de su elección, por la Gracia del Padre, a ser escogido como piedra donde sustentar su Iglesia, y así lo proclama: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». 

Es muy hermoso descubrirnos hijos de esta Iglesia, por el Bautismo, y ser aceptados, por la Gracia de Dios, para injertados en el Espíritu Santo, peregrinar junto a los hermanos hacia la Casa del Padre. Experimentar que la Iglesia, con Pedro a la Cabeza e injertados en Xto. Jesús, nos limpia de todo pecado y nos, por los méritos de la Pasión de nuestro Señor, salva de la esclavitud del pecado y de la muerte.

Damos gracia al Padre por el regalo inefable de su Hijo Predilecto que, entregando su vida, rescata la nuestra para la plenitud gozosa y eterna. Amén.