domingo, 9 de octubre de 2016

PRESTOS A PEDIR, PERO TARDÍOS EN AGRADECER

Ocurre que estamos dispuestos para pedir, pero pronto se nos olvida, caso de ser agraciado con lo pedido, de ser agradecido. Nuestros hechos no se corresponden con nuestras palabras y pronto perdemos la conciencia de lo que han hecho con nosotros. Sí, es verdad que lo recordamos, pero ya no parece tener tanta disposición por dar gratitud, y menos por seguir las propuestas de esa persona que nos ha devuelto la vida.

De mal nacido es no ser agradecido, dice el refrán, y suele ocurrir muchas veces eso. Brilla nuestra gratitud por ausencia u omisión. Y eso nos debe hacer pensar, pues en este caso se trata no de alguien cualquiera sino de Quién nos ha dado la Vida y todo lo que tenemos. La cosa cambia mucho, porque de tomar conciencia que somos sus criaturas y si de Él hemos salido y a Él volveremos, nuestra forma de actuar y comportarnos debe dar un giro de ciento ochenta grados.

Sucede que nuestra fe, la que tenemos, exige contraprestaciones y si las cosas no van mal no lo entendemos. Pensamos que por el hecho de creer y seguir los mandatos del Señor, todo lo demás, es decir, nuestra vida debe irnos bien. Y si algo se tuerce miramos de reojo y malhumorados al Señor. ¿Acaso tenemos derecho a exigirle? Sin embargo, si encontramos o nos parece normal que no le correspondamos como corresponde, valga la redundancia. Hacemos lo que nos parece siempre inclinados a nuestros intereses y conveniencias.

Es lo que nos dice hoy el Evangelio. Ocurrió que diez leprosos, pendientes de Jesús, le piden que los cure, Y el Señor lo hace enviándoles a la presencia del sacerdote. Y en el camino, al verse curados, sólo uno regresa agradecido a rendirle alabanzas y agradecimientos. Y, precisamente, un extranjero. Los propios del pueblo, quizás, entienden que tienen derecho y no se sienten tan obligados. Y lo mismos nos puede suceder a nosotros. ¿Es que entendemos que nos merecemos o tenemos derechos a que nos salve el Señor? Seguramente no, pero nuestra manera de obrar parece demostrar lo contrario.

Tomemos conciencia que todo lo que somos y tenemos se lo debemos al Señor. Y también a nuestros padres y antepasados que han hecho lo que debían y nos han dado todo lo que han podido. Pero, en el fondo, estamos aquí y ahora porque Dios nos sostiene desde el principio, y lo más esperanzador es que nos cura nuestra lepra si se lo pedimos. Seamos, pues, agradecidos dándole gracias y alabanzas, y, sobre todo, cumpliendo sus mandatos

miércoles, 5 de octubre de 2016

AUDIENCIAS PAPA FRANCISCO

El Papa Francisco nos habla hoy de la presencia de la Iglesia católica allá donde hay otras Iglesias cristianas y comunidades religiosas que la necesitan, dando testimonio de solidaridad con el signo de la caridad y la promoción humana. Porque ese es el signo de la Iglesia, el amor convertido en caridad y promoción. El amor a Dios y de Él al hermano donde quiera que se encuentre.

 Esa es la evangelización fundamental, no tanto hablar de conversión sino de unidad en el amor. Porque no amamos para convertir, sino que el amar nos salva. Ese es el verdadero testimonio que nos da el Señor, nos ama y nos cura antes de convertirnos, dejando esto para el poder del amor. Porque donde verdaderamente hay amor, hay conversión.




PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 5 de octubre de 2016


Queridos hermanos y hermanas:

Con mi reciente viaje a Georgia y Azerbaiyán, he completado mi visita a estos tres países caucásicos, que inicié visitando Armenia.


Ambos países están viviendo una nueva fase histórica, en la que encuentran algunas dificultades en varios ámbitos de la vida social, y es precisamente allí, donde la Iglesia Católica debe estar presente y ser cercana, de modo especial con el signo de la caridad y de la promoción humana, en comunión con las otras Iglesias cristianas y en diálogo con las demás comunidades religiosas. En Georgia esta misión pasa por la colaboración con los hermanos ortodoxos. En los encuentros que tuve con los fieles cristianos de Georgia les animé a mantenerse firmes en la fe, con memoria, valor y esperanza, y a vivir la misión unidos a Cristo, mediante la oración y la caridad concreta. Este estilo de presencia evangélica, como semilla del Reino de Dios, es también muy necesario en Azerbaiyán, donde la minoría católica convive con la mayoría musulmana y los hermanos ortodoxos, teniendo buenas relaciones con todos. Por eso allí, además de la Eucaristía, tuve también un encuentro interreligioso, pues la fe en Cristo anima la búsqueda y el diálogo con todos los que creen en Dios, para la construcción de un mundo más justo y fraterno.


Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Que la firmeza humilde de nuestra fe nos haga testigos valientes de Cristo y portadores de reconciliación, unidad y paz en el mundo. Que Dios los bendiga.

domingo, 2 de octubre de 2016

AUMENTANOS NUESTRA FE, SEÑOR.

(Lc 17,5-10)


Nunca podremos pagarte, Señor, ni tampoco merecer nada. Sin embargo Tú nos das todo. Nos das la vida y nos salvas. Un misterio de amor que nunca tampoco entenderemos. ¿Cómo responder a tu llamada de la que nosotros somos los más beneficiados? El ejemplo del lavatorio de los pies fue significativo y clarificador. Nos has indicado la actitud de servicio que nos debe acompañar toda nuestra vida.

Pero, encima, Señor, nos regañamos cuando las cosas se nos tuercen y nos descubrimos merecedores de mejor suerte y te pedimos explicaciones o te imploramos, casi, muchas veces, exigiéndote que nos soluciones el problema. Perdona, Señor, nuestra osadía e ignorancia, y aumentanos nuestra fe, porque sólo así comprenderemos nuestra pequeñez y pobreza.

Y ayúdanos a confiar en Ti. Confiar como lo hicieron otros y antes de que hicieras el milagro. El ejemplo del Centurión o de la Cananea nos ilustra como debe ser nuestra fe. Pero experimentamos la pobreza y limitaciones de nuestra humanidad y la necesidad de, abrazados a Ti, ganar día a día, esa fe que nos mueva a vivir con mayor intensidad nuestra fe.

Nos ocurre que cuando más fuerte nos creemos experimentamos la tentación de abandonar o dejamos nuestro obrar a mitad o decepcionamos. Necesitamos la perseverancia de estar agarrados a Ti, Señor, en la contemplación diaria de tu Palabra y en la oración íntima contigo. Y, también, en el abandono confiado en la acción del Espíritu Santo que nos fortalece y nos impulsa a obrar como debemos y queremos hacerlo.

Te pedimos, Señor, que fortalezcas nuestra voluntad para estar siempre dispuestos, a pesar de los avatares y obstáculos del camino, a permanecer firmes en la fe de tu Palabra. También nosotros hoy te pedimos que nos aumentes nuestra fe.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

AUDIENCIA PAPA FRANCISCO

Desde hace algún tiempo he sentido sana envidia por el llamado "buen ladrón", porque esas palabras que Jesús le dijo son las palabras que yo quiero y busco que me diga a mí también: la promesa de estar con Él en el Paraíso.

 Pero, reflexionando sobre ello me doy cuenta que el último camino para conseguirlo es la Cruz. Claro, yo no puedo morir como aquel buen ladrón y como Jesús, pero si aceptar la cruz de mi tiempo y de mi hora. Tal y como nos dice el Papa Francisco, arrepintiéndome de mi pecado, confesando mi culpa y confiando en la bondad y misericordia de Dios.








PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro
Miércoles 28 de septiembre de 2016




Queridos hermanos y hermanas:

Las palabras de Jesús en la cruz encuentran su culmen en el perdón. El evangelista san Lucas narra como los dos ladrones que fueron crucificados junto a Jesús se dirigen a él con actitudes distintas.

El primero, llevado por la angustia del hombre ante la muerte, lo insulta y no comprende que, siendo el Mesías, pueda quedarse en la cruz. Pero es precisamente quedándose y muriendo en la cruz donde Cristo nos salva, dando testimonio de que la salvación de Dios puede llegar a todos los hombres hasta en las situaciones más extremas.

El segundo ladrón, movido por el temor del Señor, reconoce su pecado, y confiesa su culpa con absoluta confianza en la infinita bondad y misericordia de Jesús. Jesús está precisamente allí para estar cerca, para salir al encuentro de la necesidad que tiene todo hombre de no ser abandonado, y le promete que hoy estará con él en el paraíso. De este modo, en la hora de la Cruz, Jesús revela el cumplimiento de su misión de salvar a los pecadores. Desde el inicio hasta el final de su vida, Jesús se ha revelado Misericordia, encarnación definitiva e irrepetible del amor del Padre.


Saludos
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Pidamos al Señor por todos los que sufren por cualquier motivo o se sienten abandonados, para que mirando al crucificado, puedan descubrir y sentir el consuelo y el perdón de Cristo, rostro de la misericordia del Padre. Un especial pensamiento al pueblo mexicano, los invito a cantarle a la Guadalupana, lo que cantaron al inicio, pidiendo por los sufrimientos de este pueblo. Gracias.

domingo, 25 de septiembre de 2016

IGUALDAD Y DESIGUALDADES

(Lc 16,19-31)
Nos ocurre que nos quejamos de tanta miseria. Incluso envidamos a aquellos que son ricos o que han heredado riquezas de sus padres. Nos parece injusto y nos quejamos de esta vida de desigualdades. Mientras unos sufren, otros lo pasan en abundancia y en banquetes y fiestas. No parece eso justo. ¿Dónde está Dios?

La parábola que hoy nos cuenta el Evangelio deja las cosas en su sitio. Las desigualdades tienden a igualarse. Llegará el momento que todos serán igualados y aquellos que han recibido sus bienes, si no los han aprovechado, se quedaran sin nada. Es la historia del rico epulón, hombre dedicado a banquetearse y regalarse fiestas y diversiones. Hombre dedicado a pasarlo bien.

Y no por eso hombre malo. No hace daño, ni mata ni roba. Es más, invita y lo pasa bien en banquetes y fiestas. Pero pasa del pobre Lázaro, tumbado a su puerta y carente de todo. Ansiaba comerse las migajas de pan que se caían de la mesa. Nadie le tenía en cuenta y aquel hombre rico pasaba de él. Ese fue su pecado, la omisión. Y la reflexión que nos interesa a nosotros discernir y rumiar.

También nosotros tenemos omisiones. No se trata de no hacer ni de incumplir, sino de hacer el bien sobre todo en aquel que lo necesita. Se trata de repartir, compartir los bienes que tenemos. No sólo de dinero, sino de tiempo, de disponibilidad, de cualidades, de muchas cosas que podemos hacer y aliviar la vida de los que carecen de todo.

Ser discípulo de Jesús no es simplemente ser un hombre bueno en el sentido negativo, es decir, no matar, no robar, no mentir, no hacer daño a nadie, sino que también hay un sentido positivo: hacer y compartir tu bien con los que no tienen; dar de lo que tienes a aquellos que lo necesitan, que muchas veces puede ser un consejo, un acompañar, un servir o solucionar algún problema. 

Ese fue el pecado de aquel hombre rico, pasar de los demás. Pidamos que estemos siempre dispuestos a solidarizarnos con los más necesitados y pobres.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

No hay sino un camino. Eso es lo que el Papa Francisco nos dice hoy respecto a la Misericordia de Dios. Dios es Infinitamente Misericordioso y en base a esa Misericordia Infinita que no merecemos ni podemos entender, estamos vivos y con la esperanza de vivir eternamente.

Y sólo, también, hay un único camino para alcanzar esa Misericordia que Dios nos pone a nuestros pies, la de ser también nosotros misericordiosos. Y eso no consiste sólo en perdonar sino en dar y amar. Porque el perdón no se da sin amor. La Misericordia se ríe de la justicia y la sobrepasa, porque no sólo perdona lo perdonable, sino todo aquello que no merece perdón. Por eso nosotros, sin merecer nada, somos perdonados y salvador por los méritos de nuestro Señor Jesús.





PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 21 de septiembre de 2016


Queridos hermanos y hermanas:

Hoy hemos escuchado el pasaje evangélico que inspira el lema de este año santo: Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso. Dios ama con un amor tan grande que para nosotros parece imposible. Toda la historia de la salvación es una historia de misericordia, que alcanza su culmen en la donación de Jesús en la cruz. ¿Cómo alcanzar esta perfección? La respuesta estriba en que Jesús no pide cantidad, sino ser signo, canal, testimonio de su misericordia. Por eso los santos han encarnado el amor de Dios que les desborda en múltiples formas de caridad en favor de los necesitados.

El Evangelio nos da dos pautas para ello: perdonar y dar. Jesús no busca alterar el curso de la justicia humana, pero manifiesta que en la comunidad cristiana hay que suspender juicios y condenas. El perdón es manifestación de la gratuidad del amor de Dios, que nunca da a un hijo por perdido. No podemos ponernos por encima del otro, al contrario, debemos llamarlo continuamente a la conversión. Del mismo modo, Jesús nos enseña que su voluntad de darse está muy por encima de nuestras expectativas y no depende de nuestros méritos, sino que la capacidad de acoger su amor, crece en la medida en que nos damos a los demás, más amamos, más lleno de Dios estará nuestro corazón.


Saludos
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Pidamos al Señor que no perdamos nunca nuestra identidad de hijos de un mismo Padre, que nos une en su amor. Que Dios los bendiga.


domingo, 18 de septiembre de 2016

DEPENDERÁ DE TI QUE PONGAS TU ASTUCIA AL SERVICIO DEL EVANGELIO

(Lc 16,1-13)

La vida, mejor, el mundo está estructurado para que con tu trabajo puedas conseguir lo que necesitas para vivir. Somos seres humanos y necesitamos materia para vivir. El trabajo es la forma de conseguir el dinero para obtener con él todo lo que necesitas. Sin embargo, hay un peligro, que hagas del trabajo, y del fruto que se desprende de él, tu dios, y consagres tu vida a adorarle para tu disfrute personal y egoísta.

Esa es el mensaje esencial de este Evangelio. No se trata de condenar el dinero ni tampoco la riqueza, y mucho menos el obtenerla, sino el destino que se le pueda dar. El amo exalta la astucia del aquel injusto administrador, no por cómo actúa, sino por su afán y picardía para conseguirse un nuevo empleo. Vivimos estas actitudes humanas cada día. El panorama político español nos puede servir de ejemplo, pues hay muy astutos políticos que se parecen mucho a este administrador injusto. Trabajan buscando su provecho sin pensar en el de los españoles que representa. Ni siquiera en su propio partido.

Jesús echa en falta la astucia de los hijos de la luz, pasivos y maniatados ante las dificultades que las diversas circunstancias de la evangelización les presentan. Y la ausencia de su testimonio en los ambientes que se mueven. Los que te rodean deben saber por qué actúas de una forma determinada y descubrirlo en tu imagen y en tu rostro. Un creyente no puede ir triste ni desesperado por las cosas que suceden en su vida.

Es verdad que no damos ejemplo, y yo el primero, pero debemos irnos convenciendo que el Espíritu está con nosotros y nos echará una mano para, si no arreglar la situación, si para soportarla y aceptarla con resignación evangélica y esperanzada.

Porque nosotros, los creyentes en Jesús de Nazaret, creemos en la Resurrección. Primero en la de Él, y luego en la que Él nos ha prometido a todos los que le siguen y le creen. Por lo tanto, nada nos debe de desesperar, sino animar a actuar con honradez, con justicia y con ánimo de dar testimonio cada vez que se presenta la ocasión. La astucia nos sirve para aprovechar el instante propicio para poner hilo directo con el amor del Señor y el mensaje de salvación.