jueves, 8 de junio de 2017

Sacerdote, regalo de Dios para el mundo...



La contemporaneidad de Cristo con cada generación, con cada hombre, sólo es posible si se actualiza, si se revive, el misterio de la Redención a través del gran milagro de la Eucaristía, desde las manos y los labios de un sacerdote.

Allí donde hay un sacerdote, allí donde un cristiano acoge desde la fe y el amor la invitación de Cristo a seguirlo en la Iglesia como ministro, como servidor, como “presbítero”, allí habrá Eucaristía. Gracias a ese sacerdote muchos hombres y mujeres podrán tocar, palpar, sentirse cercanos a Jesús de Nazaret.

Desde esta perspectiva comprendemos la importancia que, para la Iglesia y para todo el género humano, reviste la figura del sacerdote.

Hombre tomado entre los hombres, cristiano entre los cristianos, ministro y servidor para sus hermanos, el sacerdote hace presente la acción de Dios, desde el gran milagro de la Encarnación del Hijo, en un mundo que necesita, ayer, hoy, y mientras duren los tiempos, una ayuda para vencer el misterio del pecado, para entrar en la dimensión de la gracia.

Ello es posible por la especial unión que se da entre el sacerdote y el mismo Jesús. La fórmula sacerdos, alter Christus (el sacerdote, otro Cristo) recoge una enseñanza constante de la Iglesia y expresa una verdad profunda, experiencial. Esta unión es mucho más visible a través de los sacramentos, en los que el sacerdote actúa in persona Christi. Juan Pablo II explicaba el sentido profundo de esta fórmula:

“El sacerdote ofrece el Santo Sacrificio «in persona Christi», lo cual quiere decir más que «en nombre», o también «en vez» de Cristo. «In persona»: es decir, en la identificación específica, sacramental, con el «sumo y eterno Sacerdote», que es el autor y el sujeto principal de su propio sacrificio, en el que, en verdad, no puede ser sustituido por nadie” (Carta apostólica Dominicae Cenae, 24 de febrero de 1980, n. 8; cf. carta encíclica Ecclesia de Eucharistia, 17 de abril de 2003, nn. 29, 52).

Desde la fe, la Iglesia, que nace y vive de la Eucaristía, que se constituye desde los sacramentos y desde la escucha y predicación de la Sagrada Escritura, aprecia cada vocación a la vida sacerdotal como un don particular del Dueño de la viña, como una esperanza y una certeza: continúa la acción divina en el mundo, continúa el “toque” particular de Jesús en cada corazón y en la Iglesia toda.

Por eso cada obispo, cada presbítero, cada bautizado, debe sentir como algo propio la urgencia de promover y de rogar insistentemente por la llegada de nuevos y santos sacerdotes. Lo recuerda la encíclica de Juan Pablo II "Ecclesia de Eucharistia" en el n. 31:

“Del carácter central de la Eucaristía en la vida y en el ministerio de los sacerdotes se deriva también su puesto central en la pastoral de las vocaciones sacerdotales. Ante todo, porque la plegaria por las vocaciones encuentra en ella la máxima unión con la oración de Cristo sumo y eterno Sacerdote; pero también porque la diligencia y esmero de los sacerdotes en el ministerio eucarístico, unido a la promoción de la participación consciente, activa y fructuosa de los fieles en la Eucaristía, es un ejemplo eficaz y un incentivo a la respuesta generosa de los jóvenes a la llamada de Dios. Él se sirve a menudo del ejemplo de la caridad pastoral ferviente de un sacerdote para sembrar y desarrollar en el corazón del joven el germen de la llamada al sacerdocio”.

La misión que espera a cada sacerdote coincide con la de Cristo, y exige un acompañamiento formativo esmerado y profundo. Habrá buenos y santos sacerdotes si los llamados a este servicio viven, con sencillez y con amor, el Evangelio completo, auténtico, en su plenitud: caridad, vigilancia, oración, esperanza y entrega sin límites. Junto a la formación espiritual, el joven llamado al sacerdocio, hombre tomado entre los hombres, necesita una formación humana e intelectual muy rica, enraizada en la experiencia milenaria de la Iglesia.

El centro de toda la formación y de toda la experiencia pastoral de los sacerdotes será siempre la Eucaristía. Del sacrificio eucarístico arranca la vida espiritual, una vida espiritual que lleva a ahondar y a profundizar aún más en el misterio del Amor de Dios. Junto al altar, junto al tabernáculo, el sacerdote configura toda su psicología, todo su actuar, con el modo de ser, de pensar, de hablar, de Cristo, Maestro y Pastor, hasta el punto de poder dar, como Jesús, la vida por sus hermanos.

El Papa Benedicto XVI recordaba la importancia de la oración en la vida del sacerdote que quiere configurarse en todo con Cristo.

“El sacerdote que ora mucho, y que ora bien, se va desprendiendo progresivamente de sí mismo y se une cada vez más a Jesús, buen Pastor y Servidor de los hermanos. Al igual que él, también el sacerdote «da su vida» por las ovejas que le han sido encomendadas. Nadie se la quita: él mismo la da, en unión con Cristo Señor, que tiene el poder de dar su vida y el poder de recuperarla no sólo para sí, sino también para sus amigos, unidos a él por el sacramento del Orden. Así, la misma vida de Cristo, Cordero y Pastor, se comunica a toda la grey mediante los ministros consagrados” (Benedicto XVI, 3 de mayo de 2009).

Esa es la experiencia de cada sacerdote que lo ha dado todo. Esa es la experiencia que celebran las comunidades cristianas cuando ven madurar, ven crecer en la entrega, a los sacerdotes. Esa es la experiencia que hace que muchos hombres y mujeres aviven la esperanza ante un hombre aparentemente normal, marcado por sus propias debilidades y carencias, pero que trae al mundo un rayo de luz porque es, simplemente, sacerdote.

Necesitamos reconocer que Dios ha estado grande con su Iglesia. Necesitamos darle gracias por la fidelidad de cada sacerdote y por la energía con la que no deja de invitar, en el amor y en el respeto, a muchos jóvenes para que digan un sí generoso a Cristo y a la Iglesia, en una humanidad que vive con tantas sombras, pero que necesita aferrarse a la esperanza que nace de una certeza: “yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20).
  

Autor: P. Fernando Pascual L.C. | Fuente: Catholic net

BODAS DE PLATA DE NUESTRO PÁRROCO


     
A las 20 horas celebración de la Eucaristía de Acción de Gracias en la iglesia parroquial
de San Miguel de Tuineje. Al finalizar tendremos un brindis en los salones
parroquiales. Están todos invitados.

     

miércoles, 7 de junio de 2017

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

Hoy el Papa Francisco nos habla de la oración. Una oración diferente, hecha por Jesús y fuera de los criterios humanos. Una oración que resume la relación amorosa de un Padre con sus hijos. Una oración cercana, humana y en la que, como nos dice el Papa, podemos llamar a Dios nuestro "papá". Y en la que nos sentimos amados, protegidos y acompañados. 

Jesús, nuestro Señor, nos enseña y nos revela, como continúa diciéndonos el Papa, el Amor del Padre. Un Amor que se dibuja en la parábola del Hijo pródigo, o también, del Padre amoroso. Su Misericordia nos salva y nos perdona, y eso nos da esperanza y confianza para levantarnos y, a pesar de nuestros errores, caídas y pecados, emprender confiados el regreso a su Casa.




PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 7 de junio de 2017


Queridos hermanos y hermanas:

El modo de rezar de Jesús atraía la atención de sus discípulos y un día le pidieron que les enseñase cómo hacerlo. Él les enseñó el «Padre Nuestro», la oración cristiana por excelencia. En la sencilla invocación «Padre» se resume todo el misterio de nuestra oración.

Con Jesús podemos llamar a Dios: «Abba», que es un término que muestra confianza y cercanía, y que podríamos traducir por «papá». Dios es nuestro «papá», y llamarlo así nos pone en estrecha relación con él, como un niño que se siente amado y protegido por su padre.

Jesús en la parábola del padre misericordioso nos presenta a Dios como un Padre bueno. No actúa al modo humano, sino a la manera divina, «amando» de forma diferente. Cuando el hijo pródigo vuelve a casa, después de haber derrochado todos sus bienes, el padre sale a recibirlo y no le aplica criterios de justicia humana, sino que lo perdona y lo abraza, mostrándole cuánto ha sentido su ausencia. Este es el misterio insondable de Dios que no puede dejar de amar a sus hijos. Esta certeza es la base de nuestra esperanza.


Saludos:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica.
Los invito a dirigirse a Dios, nuestro Padre, en todo momento y circunstancia. No nos encerremos en nosotros mismos, sino que acudamos con confianza a él, que como Padre bueno nos mira con amor y nunca nos abandona.

Muchas gracias.

Jesús habla sobre la Resurrección...

Evangelio según San Marcos 12,18-27

Marcos 12, 18-27

Se le acercaron unos saduceos, que son los que niegan la resurrección, y le propusieron este caso:

"Maestro, Moisés nos ha ordenado lo siguiente: 'Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda'.

Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos.
El segundo se casó con la viuda y también murió sin tener hijos; lo mismo ocurrió con el tercero; y así ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos ellos, murió la mujer.

Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?".

Jesús les dijo: "¿No será que ustedes están equivocados por no comprender las Escrituras ni el poder de Dios?

Cuando resuciten los muertos, ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que serán como ángeles en el cielo. Y con respecto a la resurrección de los muertos, ¿no han leído en el Libro de Moisés, en el pasaje de la zarza, lo que Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? El no es un Dios de muertos, sino de vivientes. Ustedes están en un grave error".

Palabra del Señor

martes, 6 de junio de 2017

Sobre el tributo al césar...

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Marcos 12,13-17


Marcos 12, 13-17

Le enviaron después a unos fariseos y herodianos para sorprenderlo en alguna de sus afirmaciones.

Ellos fueron y le dijeron: "Maestro, sabemos que eres sincero y no tienes en cuenta la condición de las personas, porque no te fijas en la categoría de nadie, sino que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios. ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no? ¿Debemos pagarla o no?".

Pero él, conociendo su hipocresía, les dijo: "¿Por qué me tienden una trampa? Muéstrenme un denario". Cuando se lo mostraron, preguntó: "¿De quién es esta figura y esta inscripción?". Respondieron: "Del César".

Entonces Jesús les dijo: "Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios". Y ellos quedaron sorprendidos por la respuesta.

Palabra del Señor

Reflexión del Evangelio:
En el evangelio de hoy continúa el enfrentamiento entre Jesús y las autoridades. Los sacerdotes, ancianos y escribas habían sido criticados y denunciados por Jesús en la parábola de la viña (Mc 12,1-12). Ahora, los mismos piden a los fariseos y a los herodianos que preparen una encerrona contra Jesús, para poderlo acusar y condenar. Preguntaban a Jesús sobre el impuesto que había que pagar a los romanos. Era un asunto polémico que dividía a la opinión pública. Los adversarios de Jesús querían a toda costa acusarlo para menguar su influencia ante la gente. Grupos, que antes eran enemigos entre sí, ahora se unen para luchar en contra de Jesús que invadía, según ellos, su terreno. Esto sigue ocurriendo hoy. Muchas veces, personas o grupos, enemigos entre sí, se unen para defender sus privilegios contra aquellos que los incomodan con el anuncio de la verdad y de la justicia.
La pregunta de los fariseos y de los herodianos. Fariseos y herodianos eran las lideranzas locales en los poblados de Galilea. Mucho antes, habían decidido matar a Jesús (Mc 3,6). Ahora, al mando de los Sacerdotes y de los Ancianos, quieren saber de Jesús si está a favor o contra el pago del impuesto a los romanos, a César. Pregunta experta, ¡llena de malicia! Bajo la apariencia de fidelidad a la ley de Dios, buscan motivos para poderle acusar. Si Jesús dijera: “¡Tienes que pagar!”, podrían acusarle ante el pueblo de ser amigos de los romanos. Si dijera: “¡No hay que pagar!”, podrían acusarle ante las autoridades romanas de ser subversivo. ¡Parecía un callejón sin salida!

La respuesta de Jesús. Jesús percibe la hipocresía. En su respuesta, no pierde tiempo en inútiles discusiones y va derecho al núcleo de la cuestión. En vez de responder y de discutir el asunto del tributo a César, pide que le muestren la moneda, y pregunta: "¿De quién es esta imagen e inserción?" Ellos responden: "¡De César!" Respuesta de Jesús: "Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios!”. En la práctica reconocían ya la autoridad de César. Ya estaban dando a César lo que era de César, pues usaban sus monedas para comprar y vender y hasta para pagar ¡el impuesto al Templo! Lo que interesa a Jesús es que “den a Dios lo que es de Dios”, esto es, que devuelvan a Dios el pueblo, por ellos desviado, pues con sus enseñanzas bloqueaban a la gente la venida del Reino (Mt 23,13). Otros explicaban esta frase de Jesús de otro modo: “¡Den a Dios lo de Dios!”, esto es, practiquen la justicia y la honestidad según lo que exige la Ley de Dios, pues por la hipocresía ustedes están negando a Dios lo que se le debe. Los discípulos y las discípulas deben ¡tomar conciencia! Pues era el fermento de estos fariseos y herodianos lo que les estaba cegando los ojos (Mc 8,15).

domingo, 4 de junio de 2017

CATEQUESIS



La próxima semana terminan las catequesis. Habrá una el lunes, 20 horas después de la Eucaristía de las 19, 30. También el miércoles y terminaremos con una convivencia voluntaria el fin de semana.

Nunca es tarde para aquellos que no han asistido a las ya compartidas. Porque, el Espíritu sopla cuándo, dónde y cómo, y está entre nosotros. Así que si sientes que te llama, acude y no pierdas esa oportunidad de responderle.


Hasta luego.

Solemnidad de Pentecostés

 
Juan 20, 19-23

Libro de los Hechos de los Apóstoles 2,1-11.
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar.
De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse.
Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo.
Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua.
Con gran admiración y estupor decían: "¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos?
¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua?
Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor, en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios".

Salmo 104(103),1ab.24ac.29bc-30.31.34.
¡Bendice al Señor, alma mía:
¡Señor, Dios mío, qué grande eres!
¡Qué variadas son tus obras, Señor!
la tierra está llena de tus criaturas!

Si les quitas el aliento,
expiran y vuelven al polvo.
Si envías tu aliento, son creados,
y renuevas la superficie de la tierra.

¡Gloria al Señor para siempre,
alégrese el Señor por sus obras!
que mi canto le sea agradable,
y yo me alegraré en el Señor.


Carta I de San Pablo a los Corintios 12,3b-7.12-13.
Hermanos:
Nadie puede decir: «Jesús es el Señor», si no está impulsado por el Espíritu Santo.
Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu.
Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor.
Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos.
En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común.
Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo.
Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo judíos y griegos, esclavos y hombres libres- y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.

Evangelio según San Juan 20,19-23.
Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes".
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo.

Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan".

Palabra del Señor

En la celebración solemne de Pentecostés se nos invita a profesar nuestra fe en la presencia y en la acción del Espíritu Santo y a invocar su efusión sobre nosotros, sobre la Iglesia y sobre el mundo entero. Por tanto, hagamos nuestra, y con especial intensidad, la invocación de la Iglesia: ¡Ven Espíritu Santo!.