domingo, 13 de noviembre de 2016

PALABRAS MUY SERIAS Y DURAS



El Señor no se anda por las ramas. Habla muy claro y el Evangelio de hoy lo demuestra una vez más: «Mirad, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: ‘Yo soy’ y ‘el tiempo está cerca’. No les sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato».  Y la pregunta es: ¿No esta sucediendo esto?

El mundo en el que vivimos está amenazado por enfrentamientos que ponen en peligro la convivencia y la paz entre los hombres. Guerras que amenazan destruir el planeta; consumo desmesurado que influyen en el clima y lo alteran. Sólo hace falta encender la televisíon y comprobar la inestabilidad que se cierne sobre el mundo que habitamos. Y esos enfrentamientos nace de las ideologías de nuevos líderes que se erigen como jefes y profetas de un nuevo orden.

La confusión cada vez es más compleja y muchos tratan de apoderarse de la voluntad de los hombres para dirigirlos según sus ideologías amenazando la libertad de poder elegir tu propio camino. Ayer veía en la televisíón un documental sobre la amenaza que vivió el planeta en tiempos de Kennedy y Kruschev que estuvieron a punto de desencadenar una guerra mundial. Vivimos al filo de la navaja y pendientes de que en cualquier momento la tragedia se cierna sobre el mundo.

Realmente la realidad actual se parece a todo esto que Jesús ya nos ha dicho: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo. Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre; esto os sucederá para que deis testimonio. Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

Pidamos luz y fortalece para que en medio de estos acontecimientos no perdamos la senda del camino recto y perseveremos en el Señor.

domingo, 6 de noviembre de 2016

EL PROBLEMA DE NUESTRA RAZÓN

(Lc 20,27-38)
Razonamos mal y, como es de suponer, nos equivocamos. No se puede extrapolar nuestro razonamiento en este mundo para el otro. No podemos pensar que el otro mundo, el eterno, será con los mismos patrones que este, y que, allí, continuaremos una vida similar a la de aquí. Nuestra razón no sirve y nos traiciona. Y si no somos capaces de abstraernos de esta limitación humana, estamos perdidos.

Estamos llamados a otra vida que no tiene nada que ver con esta. Al menos no sabemos cómo será ni tampoco podemos suponerla como nuestra razón alcanza a imaginarla. Todas nuestras especulaciones son quimeras y disparates. No sabemos como será esa mansión y vida que Jesús nos prepara. Y así nos lo dice Jesús: «Los hijos de este mundo toman mujer o marido; pero los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, ni pueden ya morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección», en respuesta a aquellos saduceos que le habían planteado el problema respecto a la mujer casada con los siete hermanos.

«Y que los muertos resucitan lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para Él todos viven».

De cualquier forma, sí podemos razonar que la vida sería un fracaso si, creados para vivir tuviésemos que morir. Eso si que no tiene sentido y que lo lógico sería suponer que hay otra vida más plena, justa y gozosa para todos. Y que este paso por el mundo es la llave y la oportunidad de alcanzarla. 

Porque experimentamos que ese anhelo y deseo vive dentro de nosotros. Es la huella del Dios Eterno que nos ha creado para vivir eternamente con Él.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

MISIÓN DESDE BURKINA - CARTA DE SOR BERNARDA

Sor Bernarda


Un saludo desde Burkina en agradecimiento a todos los colaboradores a la realización  de  este Primordial proyecto del  AGUA (VER AQUÍ).
Que Dios os bendiga,
Pasarlo por favor a otros
GRACIAS

miércoles, 26 de octubre de 2016

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO


No podemos ser indiferentes ni insolidarios con aquellos que sufren y que buscan un refugio seguro que les permita seguir viviendo. Muchos huyen de su tierra por la amenaza de muerte que nacen de los conflictos y guerras; otros lo hacen porque le impiden ejercer su derecho a la libertad de fe y de expresión. De cualquier forma son personas que necesitan ayuda.

Nuestro Papa Francisco nos recuerda hoy esa obra misericordiosa de la acogida al peregrino o extranjero. También, recordando lo que nos dijo ayer en la homilía en Santa Marta, abramos nuestro corazón a la docilidad del Espíritu Santo para vivir a ritmo de su impulso.





PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 26 de octubre de 2016


Queridos hermanos y hermanas:

Hoy reflexionamos sobre una obra de misericordia corporal, acoger al peregrino, al extranjero. La historia de la humanidad es una historia de migraciones, no existe un pueblo que no haya conocido este fenómeno. Tampoco la historia de la salvación es ajena a esta situación. Abrahán, Moisés, incluso Jesús ha dejado su tierra y se ha puesto en camino.

Estas situaciones a veces se han visto unidas a graves crisis sociales, que a lo largo de los siglos se han afrontado con dos aptitudes: o la de cerrarse al que viene o la de acogerlo. Puede que levantar muros haga más ruido que la callada acción de quienes ayudan y asisten a los emigrantes y refugiados, pero cerrarse no es la solución, sólo favorece los tráficos criminales. La única respuesta es la de la solidaridad.

El compromiso de los cristianos es urgente. Todos tenemos el deber de acoger al hermano que huye de la guerra, el hambre o la violencia y estamos llamados a salir al encuentro del que sufre para llevarle el abrazo y la misericordia de Dios.


Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Pidamos al Señor la gracia de abrirnos al hermano, acogerlo, para poder restituirle la dignidad que, en muchos casos, ha perdido por los abusos, el egoísmo, la criminalidad, así nuestra vida será fecunda y nuestras sociedades recuperarán la paz. Dios los bendiga.