lunes, 23 de octubre de 2017

LA COMUNIDAD SE REUNE Y CELEBRA

Comunidad neocatecumenal de San Ginés Obispo de Arrecife


La comunidad celebra y la asamblea se reúne en torno a la mesa Eucarística. El Espíritu va animando a la comunidad que es consciente que sin amor no se puede encontrar al Señor. Él nos reúne y nos va transformando con su Gracia en unos corazones más suaves, más generosos y más solidarios.

La celebración es un espacio de paz, de sosiego y de tranquilidad, donde el amor en el servicio y la disponibilidad nos va acercando al mandato del Señor: "Ámense unos a otros como Yo les amo", y la única forma de hacerlo es viviendo espacios de tiempo reunidos en su presencia y disponible a su acción.

Pidamos al Espíritu Santo que nuestros corazones estén siempre abiertos a su Palabra y a sus Impulsos, y disponibles como nos transmite y testimonia nuestra Madre la Virgen. Amén.

¿Para quién serán todos tus bienes?...


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 12,13-21. 



En aquel tiempo: 
Uno de la multitud le dijo: "Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia". 

Jesús le respondió: "Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?". 

Después les dijo: "Cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas". 

Les dijo entonces una parábola: "Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo: '¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha'. 

Después pensó: 'Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida'. 

Pero Dios le dijo: 'Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?'. 

Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios". 

Palabra del Señor

sábado, 21 de octubre de 2017

El Espíritu Santo les enseñará en aquel momento lo que convenga decir...

Del santo Evangelio  de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas: 12, 8-12


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que a todo aquel que me reconozca abiertamente ante los hombres, lo reconocerá abiertamente el Hijo del hombre ante los ángeles de Dios; pero a aquel que me niegue ante los hombres, yo lo negaré ante los ángeles de Dios.

A todo aquel que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero a aquel que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.

Cuando los lleven a las sinagogas y ante los jueces y autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir, porque el Espíritu Santo les enseñará en aquel momento lo que convenga decir”.


Palabra del Señor.

viernes, 20 de octubre de 2017

Todos los cabellos de su cabeza están contados...

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 12,1-7.


Se reunieron miles de personas, hasta el punto de atropellarse unos a otros. Jesús comenzó a decir, dirigiéndose primero a sus discípulos: 

"Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.

No hay nada oculto que no deba ser revelado, ni nada secreto que no deba ser conocido.

Por eso, todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad, será escuchado en pleno día; y lo que han hablado al oído, en las habitaciones más ocultas, será proclamado desde lo alto de las casas.

A ustedes, mis amigos, les digo: No teman a los que matan el cuerpo y después no pueden hacer nada más.

Yo les indicaré a quién deben temer: teman a aquel que, después de matar, tiene el poder de arrojar a la Gehena. Sí, les repito, teman a ese.

¿No se venden acaso cinco pájaros por dos monedas? Sin embargo, Dios no olvida a ninguno de ellos.

Ustedes tienen contados todos sus cabellos: no teman, porque valen más que muchos pájaros."

Palabra del Señor

jueves, 19 de octubre de 2017

Les pedirán cuentas de la sangre de los profetas, desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías...

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 11,47-54.


Dijo el Señor:
«¡Ay de ustedes, que construyen los sepulcros de los profetas, a quienes sus mismos padres han matado! Así se convierten en testigos y aprueban los actos de sus padres: ellos los mataron y ustedes les construyen sepulcros.

Por eso la Sabiduría de Dios ha dicho: Yo les enviaré profetas y apóstoles: matarán y perseguirán a muchos de ellos.

Así se pedirá cuenta a esta generación de la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la creación del mundo: desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que fue asesinado entre el altar y el santuario. Sí, les aseguro que a esta generación se le pedirá cuenta de todo esto.

¡Ay de ustedes, doctores de la Ley, porque se han apoderado de la llave de la ciencia! No han entrado ustedes, y a los que quieren entrar, se lo impiden.»

Cuando Jesús salió de allí, los escribas y los fariseos comenzaron a acosarlo, exigiéndole respuesta sobre muchas cosas y tendiéndole trampas para sorprenderlo en alguna afirmación.

Palabra del Señor

miércoles, 18 de octubre de 2017

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

El Papa, en su audiencia de hoy, nos toca la fibra de lo fundamental de la vida del hombre. Precisamente, la muerte, el azote al que el hombre no quiere enfrentarse y, como nos dice el Papa, trata de disimular y olvidarlo. Pero, quieras o no, la muerte está ahí y se hace presente en la hora de cada uno. La muerte, si no es contemplada con y desde la esperanza, quita el sentido a la vida. Sería absurdo nacer para morir.

El hombre, a pesar de mirar, por miedo y desesperanza, hacia otro lado, experimenta en lo más profundo de su ser que ansía la vida y desea vivir en gozo y felicidad. Y sólo Jesús, señor de la Vida y la Muerte, le da esperanza y sentido al camino de su vida. El Papa se hace eco de las Palabras de Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá».



PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 18 de octubre de 2017





Queridos hermanos y hermanas:

Hoy reflexionamos sobre el contraste que existe entre la esperanza cristiana y la realidad de la muerte. Nuestra civilización moderna trata de suprimir y disimular la muerte, hasta el punto de que cuando llega nadie está preparado, ni tiene tampoco los medios para darle un sentido. La muerte es un misterio, manifiesta la fugacidad de la vida, nos enseña que nuestro orgullo, ira y odio, son sólo vanidad; que no amamos lo suficiente, que no buscamos lo esencial. Pero también nos indica que solamente el bien y el amor que sembramos mientras vivimos permanecerán.

Como hemos escuchado en la lectura del evangelio, Jesús es el único capaz de iluminar el misterio de la muerte. Con su actuar nos enseña que sentir dolor ante la pérdida de un ser querido no es contrario a la esperanza. Su oración al Padre, Origen de la vida, nos revela que la muerte no forma parte de su designio amoroso, y que Jesús mismo, con su obediencia total al Padre, restaura el proyecto original de Dios y nos otorga la vida en abundancia.

En varios pasajes evangélicos, en que Jesús se confronta con la muerte, pide que no se tenga miedo ante ella, sino que se confíe en su palabra y se mantenga viva la llama de la fe. A la evidencia de la muerte, Jesús opone la luz de su potencia, que también extiende sobre cada uno de nosotros, pequeños e indefensos frente al enigma de la muerte, y Jesús nos asegura: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá».


Saludos:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los provenientes de España y Latinoamérica. El Señor, única esperanza de la humanidad, nos conceda la gracia de mantener encendida la llama de la fe, y en el momento de nuestra muerte nos tome de la mano y nos diga: «¡Levántate!». Que Santa María, Madre de Dios, interceda por todos nosotros, ahora y en la hora de nuestra muerte. Así sea.

La cosecha es mucha y los trabajadores pocos...

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas: 10, 1-9


Lucas 10, 1-9
En aquel tiempo, Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo:

"La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; yo los envío como corderos en medio de lobos. 

No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino.

Cuando entren en una casa digan: 'Que la paz reine en esta casa'. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa.

Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario.

No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den.

Curen a los enfermos que haya y díganles: 'Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios'.


Palabra del Señor.