En la comunidad se hace presente el amor, y en ella, nos esforzarnos en reflexionar, escuchar, orar y hablar con el Señor. De esta forma, testimoniamos que creemos y amamos al SEÑOR. Arrecife a, 14 de abril de 20222
ENLACES
- UN PENSAMIENTO POR LA NOCHE
- FACEBOOK - PARROQUIA SAN GINÉS OBISPO
- PENSAMIENTOS, VÍDEOS Y VIÑETAS
- UN RINCÓN PARA ORAR
- DE DODIM A AGAPÉ
- EVENTOS, FOTOS Y VIVENCIAS PARROQUIALES
- ORACIONES
- AVISOS, COMUNICADOS y PROGRAMAS
- VIDAS DE SANTOS
- VIDEOS, ENTREVISTAS, CONFERENCIAS
- TIEMPOS LITÚRGICOS
- LA COMUNIDAD
- COLABORACIONES
- DE DOMINGO A DOMINGO
- PAPA FRANCISCO - AUDIENCIAS
jueves, 13 de abril de 2017
Jueves Santo...
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan: 13,1-15
Antes de la fiesta de la Pascua,
sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre y
habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
En el transcurso de la cena,
cuando ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de
Simón, la idea de entregarlo, Jesús, consciente de que el Padre había puesto en
sus manos todas las cosas y sabiendo que había salido de Dios y a Dios volvía,
se levantó de la mesa, se quitó el manto y tomando una toalla, se la ciñó;
luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y
a secárselos con la toalla que se había ceñido.
Cuando llegó a Simón Pedro, éste
le dijo: "Señor, ¿me vas a lavar tú a mí los pies?" Jesús le replicó:
"Lo que estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más
tarde". Pedro le dijo: "Tú no me lavarás los pies jamás". Jesús
le contestó: "Si no te lavo, no tendrás parte conmigo". Entonces le
dijo Simón Pedro: "En ese caso, Señor, no sólo los pies, sino también las
manos y la cabeza". Jesús le dijo: "El que se ha bañado no necesita
lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. Y ustedes están limpios,
aunque no todos". Como sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: 'No
todos están limpios'.
Cuando acabó de lavarles los
pies, se puso otra vez el manto, volvió a la mesa y les dijo: "¿Comprenden
lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen
bien, porque lo soy. Pues si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado
los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he
dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo
hagan".
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Jesús “se
puso a lavar los pies de los discípulos” (Juan 13,5), es decir, considerar al
otro más importante que yo, al que tengo que servir y amar. Cuando un ser humano no quiere realizar ese
camino vivencial de ponerse al servicio de otro por entero; Jesús nos dice con
su propia vida: “Llega a Simón Pedro: éste le dice: ¿Señor tu lavarme a mí los
pies? Jesús le respondió: Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora; lo
comprenderás más tarde… Si no te lavo, no tienes parte conmigo” (Juan 13, 6-8),
es decir, no tienes mi manera de ser y de vivir, y por tanto no descubres al
otro en lo que es, ni te descubres a ti en lo que tienes que hacer por el otro.
En este
gozo de sentir la realidad del amor de Dios, encontramos el gozo del ministerio
Sacerdotal, como expresión del gozoso anuncio de su mismo amor, a través de la
realidad de unos hombres elegidos por el Señor para que sean en medio del mundo
su mismidad. Son el Señor mismo en medio de los hombres, actúan in persona
Christi. En el Cenáculo encontramos el verdadero horizonte de la persona
humana: “Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y
les dijo: ¿Comprenden lo que he hecho con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y
Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si
yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben
lavarse los pies unos a otros. Porque les he dado ejemplo, para que también
ustedes hagan como yo” (Juan 13, 12-15).
miércoles, 12 de abril de 2017
AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO
Nuestro Papa Francisco nos deja hoy un hermoso mensaje. ¡Qué bien lo explica! Nos descubre nuestras mundana intenciones cargadas de intereses, de beneficios milagrosos, de prosperidad, de bienestar hedonista y de querer pasarlo bien. Nos interpela porque, quizás, buscamos un Jesús que nos propicie una vida cómoda, placentera y sin problemas.
Y es verdad que como humanos estamos tentados a eso. Nuestra naturaleza está herida y debilitada, y sólo en el Señor recobra su fortaleza y su salud. Pero, como muy bien nos dice el Papa Francisco, sólo si estamos dispuestos a morir. A morir como el grano de trigo; a renunciar a ese hedonismo voluptuoso que nos endiosa y nos separa del verdadero Amor, lo único que nos salva eternamente.
PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 12 de abril de 2017
Queridos hermanos y hermanas:
El pasado domingo hemos hecho memoria de la entrada de Jesús en Jerusalén. Muchas de las personas que acudieron con palmas a recibirlo lo hicieron con expectativas mundanas: buscaban milagros, prodigios, la expulsión de los invasores. Todo ello se derrumbó ante el misterio de la cruz. Nosotros por el contrario creemos que del Crucificado renace nuestra esperanza por la fuerza de su amor.
Jesús lo explica con la imagen del grano de trigo que cae en tierra, si éste permanece cerrado en sí mismo, no sucede nada, pero si se rompe y se abre, entonces da vida a una planta que producirá fruto. Él es el grano que ha caído en tierra desde el cielo y ha transformado el miedo, el pecado y la muerte, en alegría, perdón y resurrección.
En esta Pascua, estamos llamados a seguir el ejemplo de Nuestro Señor. El amor más grande es el de aquel que se entrega sin reservas y da todo lo que tiene. El que se pone al servicio de los demás es simiente de esperanza.
Saludos:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Los exhorto a caminar hacia la meta de nuestra esperanza, contemplando la cruz como el dolor de una madre en el momento de dar a luz. Cuando la nueva vida nazca, no recordaremos el sufrimiento, porque la alegría pascual inundará todo con su luz. Que Dios los bendiga.
martes, 11 de abril de 2017
MARTES SANTO - VÍSPERAS
Ant: Sé tú mi fiador ante ti mismo, pues, ¿quién, si no, será mi garante?
Éste es el camino de los confiados,
el destino de los hombres satisfechos:
son un rebaño para el abismo,
la muerte es su pastor,
y bajan derechos a la tumba;
se desvanece su figura,
y el abismo es su casa.
Pero a mí, Dios me salva,
me saca de las garras del abismo
y me lleva consigo.
No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con él.
Aunque en vida se felicitaba:
"Ponderan lo bien que lo pasas",
irá a reunirse con sus antepasados,
que no verán nunca la luz.
El hombre rico e inconsciente
es como un animal que perece.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant: Sé tú mi fiador ante ti mismo, pues, ¿quién, si no, será mi garante?
Preces
Adoremos al Salvador de los hombres, que, muriendo, destruyó nuestra muerte y,
resucitando, restauró la vida, y digámosle humildemente:
Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre
- - Redentor nuestro, concédenos que, por la penitencia, nos unamos más plenamente a tu pasión,
para que consigamos la gloria de la resurrección. - - Concédenos la protección de tu Madre, consuelo de los afligidos,
para que podamos confortar a los que están atribulados mediante el consuelo con - que tú nos confortas.
- - Haz que tus fieles participen en tu pasión mediante los sufrimientos de su vida,
para que se manifiesten en ellos los frutos de tu salvación. - - Tú que te humillaste, haciéndote obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz,
enseña a tus fieles a ser obedientes y a tener paciencia. - - Haz que los difuntos sean transformados a semejanza de tu cuerpo glorioso,
y a nosotros danos un día parte en su felicidad.
Martes Santo, solemnidad
Martes de la segunda semana
Vísperas
domingo, 9 de abril de 2017
Domingo de Ramos...
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Mateo: 21, 1-11
Cuando se aproximaban ya a
Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los Olivos, envió Jesús a dos
de sus discípulos, diciéndoles: "Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al
entrar, encontrarán amarrada una burra y un burrito con ella; desátenlos y
tráiganmelos. Si alguien les pregunta algo, díganle que el Señor los necesita y
enseguida los devolverá".
Esto sucedió para que se
cumplieran las palabras del profeta: Díganle a la hija de Sión: He aquí que tu
rey viene a ti, apacible y montado en un burro, en un burrito, hijo de animal
de yugo.
Fueron, pues, los discípulos e
hicieron lo que Jesús les había encargado y trajeron consigo la burra y el
burrito. Luego pusieron sobre ellos sus mantos y Jesús se sentó encima. La
gente, muy numerosa, extendía sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas
de los árboles y las tendían a su paso. Los que iban delante de él y los que lo
seguían gritaban: ¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en
nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!" Al entrar Jesús en Jerusalén,
toda la ciudad se conmovió. Unos decían: "¿Quién es éste?" Y la gente
respondía: "Éste es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea".
Palabra del Señor.
Con la solemnidad del domingo de
Ramos hemos iniciado la Semana Santa, en la que seguimos los pasos de Cristo
hasta la celebración de su misterio Pascual. Nosotros lo aclamamos como Mesías
e Hijo de David, agitando llenos de júbilo, como los niños y jóvenes de
Jerusalén las palmas de salvación. también es Domingo de “Pasión”,
porque al mismo tiempo contemplamos la dolorosa pasión de Jesús, que culminará
en la Cruz.
Estos días santos son para
acompañar a Cristo en los sufrimientos de su Pasión, y en su camino al Calvario:
para unirnos a Él a través de la oración, los sacramentos, la caridad, el
apostolado y las obras buenas.
Se inicia un tiempo especial para crecer en el amor, en todos los sentidos. Permite Dios mío que sepa desprenderme de todo lo que me impida entregarme plenamente a los demás, especialmente a aquellos con los que voy a pasar esta Semana Santa. Quiero desgastarme, trabajar y luchar, para que tu mensaje de amor alcance al mayor número posible de hombres y mujeres.
sábado, 8 de abril de 2017
Conviene que uno muera por todos...
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Juan 11,45-56
Al ver lo que hizo Jesús, muchos
de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él.
Pero otros fueron a ver a los
fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho.
Los sumos sacerdotes y los
fariseos convocaron un Consejo y dijeron: "¿Qué hacemos? Porque este
hombre realiza muchos signos. Si lo dejamos seguir así, todos
creerán en él, y los romanos vendrán y destruirán nuestro Lugar santo y nuestra
nación".
Uno de ellos, llamado Caifás, que
era Sumo Sacerdote ese año, les dijo: "Ustedes no comprenden nada. ¿No les parece preferible que un
solo hombre muera por el pueblo y no que perezca la nación entera?". No dijo eso por sí mismo, sino
que profetizó como Sumo Sacerdote que Jesús iba a morir por la nación, y no solamente por la nación,
sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios que estaban
dispersos.
A partir de ese día, resolvieron
que debían matar a Jesús.
Por eso él no se mostraba más en
público entre los judíos, sino que fue a una región próxima al desierto, a una
ciudad llamada Efraím, y allí permaneció con sus discípulos.
Como se acercaba la Pascua de los
judíos, mucha gente de la región había subido a Jerusalén para purificarse. Buscaban a Jesús y se decían unos
a otros en el Templo: "¿Qué les parece, vendrá a la fiesta o no?".
Palabra del Señor
Meditación. Caifás presentaba con esta profecía al nuevo Cordero de la Pascua. Aquel que quitaría el pecado del mundo. Jesucristo ya había dicho que daría su vida en rescate por muchos, y por ello probó el sufrimiento para alcanzarnos la salvación. “Convenía, en verdad, que Aquel por quien es todo y para quien es todo, llevara muchos hijos a la gloria, perfeccionando mediante el sufrimiento al que iba a guiarlos a la salvación” (dice el apóstol San Pablo en la carta a los Hebreos 2, 10).
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





















