jueves, 24 de marzo de 2016

AUDIENCIA GENERAL DE PAPA FRANCISCO



Queridos hermanos y hermanas:

Nuestra reflexión de hoy nos introduce en el Triduo Pascual. Tres días intensos que nos hablan de la misericordia de Dios, pues hacen visible hasta dónde puede llegar su amor por nosotros. El Evangelio de san Juan dice: «Jesús, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo», los amó hasta el fin. 

El Triduo Pascual es el memorial de un drama de amor que nos da la certeza que nunca seremos abandonados en las pruebas de la vida. El Jueves Santo, con la institución de la Eucaristía y el lavatorio de los pies, Jesús nos enseña que la Eucaristía es el amor que se hace servicio. 

El Viernes Santo, llegamos al momento culminante del amor, un amor que quiere abrazar a todos sin excluir a nadie con una entrega absoluta. El Sábado Santo, es el día del silencio de Dios, Jesús comparte con toda la humanidad el drama de la muerte, no dejando ningún espacio donde no llegue la misericordia

domingo, 20 de marzo de 2016

DOMINGO DE RAMOS

(Lc 22,14—23,56)

Todo se entendió mal. Ya desde el principio los mismos apóstoles no entendían de qué Reino hablaba Jesús, y todo se vino abajo cuando los sumos sacerdotes y fariseos decidieron quitarlo del medio. Jesús estorbaba y con sus blasfemias amenazaba destruir el poder religioso que ellos ostentaban. La Pasión del Señor, desde mucho tiempo profetizada, estaba a punto de comenzar.

Todo empezó con algarabía y entusiasmo, pero tras las aclamaciones y cánticos, la soberbia y egoísmo prepotente de los sumos sacerdotes y fariseos decidieron prender a Jesús y juzgarlo acusándolo de blasfemo al proclamarse como Dios. No tenían razones, pero decidieron justificarlo de la manera que sea, con la mentira y el poder.

Hoy, en nuestras vidas ocurre un tanto igual. Justificamos muchas actitudes con mentiras, demagogia y falsas verdades para alcanzar nuestros objetivos. Sin ir más lejos, en mi país ocurre algo de eso ahora. Mientras la nación sufre, se desgarra y amenaza anarquía, los líderes políticos se disputan el trono de la presidencia sin otro interés que el suyo propio.

Con Jesús, aquellos fariseos buscaron la forma de mentir que nadie entendió, ni siquiera Pilato, que tratando de quitarse la responsabilidad de encima, lo desviaba a la de los sumos sacerdotes y fariseos. Nadie veía ni encontraba culpa en Jesús. Al descubierto estaba lo que había sido su Vida: Pasó haciendo el bien a todos y proclamando la Verdad. Pero, al parecer, había que matarlo, porque se autoproclamaba Dios y aquellos sacerdotes y fariseos ya se habían fabricado su propio dios.

¿Quién era este Jesús que ahora se proclamaba el Dios de ellos y de su pueblo? Un judio, hijo de José y de María, sencillos aldeanos de Nazaret, pero, ¿qué es esto? Ni siquiera sus Obras y su Vida bastaban para dar crédito a su Palabra. Por eso, al final de todo, esas Palabras de Jesús reúnen la única y verdadera verdad: "«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen»

jueves, 17 de marzo de 2016

AUDIENCIA GENERAL DEL PAPA FRANCISCO



Queridos hermanos y hermanas:

El Profeta Jeremías se dirige a los israelitas que habían sido deportados y les anuncia el regreso a su tierra. Esta vuelta en patria es signo del amor infinito de Dios que no abandona a sus hijos, sino que los cuida y los salva. El exilio fue una experiencia muy dura para el pueblo de Israel e hizo que su fe vacilase. 

También nosotros podemos vivir a veces algún tipo de exilio, como la soledad, el sufrimiento, la muerte, que nos hace pensar que estamos abandonados de Dios. Nos podemos preguntar: ¿Dónde está Dios? El Profeta Jeremías nos da una respuesta: Dios está cerca de nosotros, es fiel y hace grandes obras de salvación en aquellos que esperan en él.

 Dios ama con un amor sin límites, que ni el pecado puede frenar, y hace que el corazón del hombre se llene de alegría y consolación. Jesús ha llevado a plenitud el anuncio del profeta. Su pasión, muerte y resurrección es la expresión definitiva y

domingo, 13 de marzo de 2016

LA LEY Y EL AMOR

(Jn 8,1-11)

Puede parecernos que la Ley y el Amor, a primera vista son iguales, sin embargo son muy diferentes aunque puede ser que se complementa. La Ley hay que cumplirla y, de infringirla, se debe pagar el castigo señalado y tipificado en la misma Ley. Pero el Amor, a pesar de haber infringido la Ley, comprende, escucha, se llena de paciencia y perdona. Eso no significa que nos exima de cumplir el castigo marcado, sino que, por encima de lo justo, el Amor nos perdona y nos abre los brazos para enmendarnos y corregir nuestros errores y pecados.

Misericordia quiero y no sacrificio (Mt 9,13), dice el Señor. Porque lo importante no son los cumplimientos, que distraen a muchos de lo sustancial y fundamental. De nada vale cumplir sino no se tiene amor, porque es el amor lo que descubre la autenticidad de la fe al Señor. El amor nos ayuda a ser justos y a escuchar, comprender, perdonar y a tener la oportunidad de recibir la salvación. Esa salvación que ya nos hemos ganado, porque el Señor nos la ha regalado con su Muerte y Resurrección.

Pero, con una condición: "Amar". Amar como Jesucristo, nuestro Señor, nos ha enseñado a amar. Y eso nos lo dice y enseña en la Escritura. Precisamente, en el Evangelio de hoy nos enseña, valga la redundancia, a perdonar. A perdonar por encima de accesiones de personas y de circunstancias que señalan la culpa o delito del sujeto juzgado. Se trata de salvar, y para salvar hay que perdonar, porque de no ser así, ¿quién de nosotros merece perdón? Porque, ¿quién esté libre de pecado que tire la primera piedra? 

Las culpas deben tener su castigo, su sacrificio y restitución, pero nunca deben matar ni impedir que se tenga la oportunidad del perdón y la misericordia, porque todos nosotros somos pecadores y condenados. Y sin embargo, nuestro Padre Dios nos perdona y espera que la vida, nuestra cárcel, nos dé y enseñe el camino de regreso a la Casa del Padre. Para eso, nuestro Padre nos regala el Perdón Misericordioso de su Amor.

Nuestra gran esperanza es sabernos perdonados, a pesar de no merecerlo, porque nuestro Padre es infinitamente Misericordioso. Nos lo ha dicho el Hijo, el enviado, el Mesías, al contarnos la parábola del hijo pródigo. Nos ha descrito a nuestro Padre con un Amor prodigioso y perdonándonos todas nuestras miserias y pecados. Realmente, es una dicha y un gozo conocer la Bondad y la Misericordia de nuestro Padre Dios que nos espera con los brazos abiertos. Gracias Padre.

domingo, 6 de marzo de 2016

¡NO HAY MANERA MÁS GRANDE DE AMAR QUE LA TUYA, PADRE!

Lc 15,1-3.11-32)


Nadie puede igualarse al Amor del Padre del Cielo. Jesús, el Hijo, su Rostro visible en la tierra, nos lo manifiesta hoy en el Evangelio al contarnos la parábola del Padre amoroso, o del hijo prodigo Y no sólo lo hace con su Palabra, sino también con su Vida. El ejemplo es completo, Palabra y Vida.

Ante tan exquisita exposición de amor, hay momentos que no sé por donde empezar. Elevo mi alma al Espíritu Santo para que guíes mis palabras y las desparrame en esta humilde blog para bien de todos los que queramos abrir nuestros corazones a la Palabra del Señor.

No se puede entender que estando en el paraíso, queramos salir del paraíso. No se puede entender sino desde el pecado y a la influencia del demonio que nos acecha y nos tienta. Hasta tal punto, que somos capaces, como hizo ese hijo, de exigirle la herencia al Padre para administrarla a nuestro capricho y gusto, seducidos por el mundo que gustosamente Satanás nos presenta.

Pensar y creer que en las cosas del mundo: poder, riqueza, placeres, prestigio...etc., se encuentra eso que buscamos todos y que llamamos felicidad, es la quimera más estúpida que el hombre puede creer y pensar. Primero, porque, por la propia experiencia, vemos que otros, mayores en tiempo vivido, no lo han conseguido; y segundo, por nosotros mismos que, conseguido lo que creíamos como el éxtasis eterno, pronto descubrimos que sólo se trata de algo pasajero que nos deja igual.

Asombro para el hombre cuando descubre que su bienestar sólo se encuentra en el Amor del Padre y junto a su lado. Así lo interpreta ese hijo que, sumido en la miseria y abandono absoluto, descubre que en la Casa de su Padre nada le faltaría. Primer pasa para una verdadera conversión, danos cuenta de nuestro error y pecado, marcharnos de la Casa del Padre. Posiblemente, todos hayamos experimentado esa experiencia.

Pero, ocurre que quizás, muchos no llegan a levantarse. Porque su soberbia y orgullo se lo impiden y tratan de recuperarse como sea, aun infringiendo la buena conducta, el respeto, la justicia y la libertad, y se levantan por caminos torcidos que no llevan a ningún lugar, y menos a la Casa del Padre.

Aquel hijo se levantó. Se humilló y creyó en una nueva oportunidad que el Padre le daría, aun siendo siervo y no con la consideración de hijo. Y con ese dolor de contrición y esperanza, se levanta y emprende el verdadero camino de regreso a la Casa del Padre. Hubo un obstáculo del que no había reparado, el hermano mayor. También nos ocurre a nosotros, quizás no perdonamos los errores de nuestros hermanos, tanto menores como mayores. Nos creemos dueños y merecedores de la herencia del Padre, y habilitados para administrarla y compartirla. Señor, perdona nuestra osadía.

 Supongo y creo que lo que sigue lo sabemos, y será bueno que cada cual saque sus propias conclusiones. Sólo nos queda dar las gracias a ese Padre Bueno que no sólo nos recibe con los brazos abiertos, sino que nos está esperando a que hagamos ese esfuerzo de reconocernos simplemente siervos pecadores.



Volvió a la vida

He aquí una respuesta a la amenaza sobre la
higuera muerta. Este hijo "prodigo" estaba
también como muerto. Al recibir "sus" bienes
para gozar de ellos libremente, había
cortado los vínculos vitales con su padre.
Pero pronto surgió la angustia. Sin saber
cómo iba a ser recibido, decidió volver 
a la Casa de su Padre, porque se moría de hambre.
El Padre saltó de alegría: "mi Hijo estaba
muerto y ha vuelto a la vida".
El Papa Francisco desea que esta Cuaresma
sea "un momento fuerte para celebrar y
experimentar la Misericordia de Dios.

Oración

En lo más profundo de nuestras indignidades y
de nuestros errores, Señor, Tú nos esperas,
dispuesto a derretirte de ternura. 
Haz que tenga la confianza suficiente y
que sea lo bastante humilde para atreverme a
presentarme ante Ti con mi culpa. Amén.
4º domingo de Cuaresma
6 de marzo de 2016
Parroquia Matriz San Ginés Obispo de Arrecife

miércoles, 2 de marzo de 2016

AUDIENCIA GENERAL DEL PAPA FRANCISCO




Queridos hermanos y hermanas:

Hoy reflexionamos sobre la misteriosa relación que existe entre misericordia y corrección divina.

Dios se comporta con nosotros como un padre de familia, que ama a sus hijos, los socorre, los cuida y los perdona. Y que también los educa y corrige cuando se equivocan, para ayudarlos a ser responsables, a crecer en el bien y en la libertad. La relación “padre-hijo” es figura de la alianza entre Dios y su pueblo. Esta relación se fragmenta cuando el hombre rechaza la paternidad de Dios. A causa del pecado, pretende convertir la libertad en autonomía y, dejándose llevar por el orgullo, se contrapone a él y vive en una ilusión de autosuficiencia.

Cuando el pueblo se aleja de Dios, desconfía de él y no le obedece, experimenta entonces la aflicción de la prueba. Dios la permite con vistas a la salvación, para que el pueblo pecador, sintiendo el vacío y la amargura del estar lejos de él, pueda abrirse a la...