sábado, 2 de marzo de 2013

SANTA ÁNGELA DE LA CRUZ

Santa Ángela de la Cruz


Es conocida en Sevilla, su ciudad natal, como "madre de los pobres". Con 16 años madura en la fe y en su vocación y fracasa en sus intentos de ingresar en las Carmelitas Descalzas de Sevilla y en las Hijas de la Caridad por motivos de salud. Sin apenas saber escribir, narra una contemplación que ha tenido de la Santa Cruz, por ello recibe su nombre. En 1875 nace la Compañía de las Hermanas de la Cruz para atender a los enfermos. La Madre Ángela de la Cruz estuvo toda su vida hasta su muerte en 1932 pendiente de sus hijas y de cuantos acudían a ella pidiendo consejos y apoyos.


V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO
Dame tu mano, María,
la de las tocas moradas;
clávame tus siete espadas
en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía
tarde negra y amarilla.
Aquí, en mi torpe mejilla,
quiero ver si se retrata
esa lividez de plata,
esa lágrima que brilla.

¿Dónde está ya el mediodía
luminoso en que Gabriel,
desde el marco del dintel,
te saludó: "Ave, María"?
Virgen ya de la agonía,
tu Hijo es el que cruza ahí.
Déjame hacer junto a ti
ese augusto itinerario.
Para ir al monte Calvario,
cítame en Getsemaní.

A ti, doncella graciosa,
hoy maestra de dolores,
playa de los pecadores,
nido en que el alma reposa,
a ti ofrezco, pulcra rosa,
las jornadas de esta vía.
A ti, Madre, a quien quería
cumplir mi humilde promesa.
A ti, celestial princesa,
Virgen sagrada María. Amén.

Antífona 1: Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.

SALMO 91: Alabanza del Dios creador
Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes,
sobre arpegios de cítaras.

Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da cuenta.

Aunque germinen como hierba los malvados
y florezcan los malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres excelso por los siglos.

Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los malhechores serán dispersados;
pero a mí me das la fuerza de un búfalo
y me unges con aceite nuevo.
Mis ojos despreciarán a mis enemigos,
mis oídos escucharán su derrota.

El justo crecerá como una palmera,
se alzará como un cedro del Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios;

en la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe la maldad.

Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 1: Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.

 

viernes, 1 de marzo de 2013

SAN ROSENDO



Con 18 años tomó el cargo de Obispo de Santiago de Compostela. A pesar de su juventud, ofreció una madurez humana y espiritual. Predicaba en la Santa Misa y salía a la calle para preocuparse por los pobres y los abandonados. El Rey Don Sancho lo nombró pastor de la ciudad. Le tocó vivir en tiempos difíciles: los normandos estaban invadiendo España. Se puso al frente de las tropas y, cuando hubo terminado la batalla, se retiró al Monasterio de Celanova donde lo nombraron abad y murió en 977.


Antífona 1: Un corazón quebrantado y humilla, tú no lo desprecias, Señor.

SALMO 50: Misericordia, Dios mío
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 1: Un corazón quebrantado y humilla, tú no lo desprecias, Señor.
 

jueves, 28 de febrero de 2013

TESTIMONIOS



Tengan paciencia, busquen un lugar en su vida, deténganse, tómense un respiro, siéntense cómodos y compartan su fe con aquellos que se reencuentran con ella y la comparten con nosotros. Merece la pena dedicar un tiempo a hacer nuestros ejercicios para fortalecer el Espíritu, y aquí no se trata de caminar ni de moverse, sino de permanecer serenos, tranquilos, bien y cómodamente sentados y disponernos en el silencio interior de nuestra alma a, simplemente, escuchar.



SAN LEANDRO DE SEVILLA

San Leandro de Sevilla


Nació en torno a 535 y su familia emigró a Sevilla. En cuanto tuvo la edad, Leandro ingresa en un monasterio. Entonces España estaba impreganada de arrianismo y el Rey Leovigildo asentó en Toledo la capital del reino visigodo. Leandro fue obligado a abandonar su Iglesia y su patria. Pero en su regreso convocó el III Concilio de Toledo y, desde entonces, comenzó una conversión paulatina a la fe Católica de los arrianos visigodos. Desde entonces hasta 601, Leandro dedicó su vida a la atención de sus obligaciones pastorales.

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO I (a elegir uno de los tres siguientes)
Este es el día del Señor.
Este es el tiempo de la misericordia.

Delante de tus ojos
ya no enrojeceremos
a causa del antiguo
pecado de tu pueblo.
Arrancarás de cuajo
el corazón soberbio
y harás un pueblo humilde
de corazón sincero.

En medio de las gentes
nos guardas como un resto
para cantar tus obras
y adelantar tu reino.
Seremos raza nueva
para los cielos nuevos;
sacerdotal estirpe,
según tu Primogénito.

Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos del oprobio
serán tus herederos.
Señalarás entonces
el día del regreso
para los que comían
su pan en el destierro.

¡Exulten mis entrañas!
¡Alégrese mi pueblo!
Porque el Señor que es justo
revoca sus decretos:
La salvación se anuncia
donde acechó el infierno,
porque el Señor habita
en medio de su pueblo.

  Antífona 1: Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos.

SALMO 79: Ven, Señor, a visitar tu viña
Pastor de Israel, escucha,
tú que guías a José como a un rebaño;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece
ante Efraín, Benjamín y Manasés;
despierta tu poder y ven a salvarnos.

Oh Dios, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.

Señor, Dios de los ejércitos,
¿hasta cuando estarás airado
mientras tu pueblo te suplica?

Les diste a comer llanto,
a beber lágrimas a tragos;
nos entregaste a las contiendas de nuestros vecinos,
nuestros enemigos se burlan de nosotros.

Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.

Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste;
le preparaste el terreno, y echó raíces
hasta llenar el país;

Su sombra cubría las montañas,
y sus pámpanos, los cedros altísimos;
extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el Gran Río.

¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las alimañas?

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó
y que tú hiciste vigorosa.

La han talado y le han prendido fuego;
con un bramido hazlos perecer.
Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.

No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre.

Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.

Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 1: Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos.

miércoles, 27 de febrero de 2013

SAN GABRIEL DE LA DOLOROSA

San Gabriel de la Dolorosa


Francisco (que tomó el nombre religioso de Gabriel) nació en 1838, fue un joven dinámico con una gran pasión por su fe cristiana. En 1856 inició su noviciado con 18 años y encontró la felicidad en la vida religiosa. Murió seis años después sumido en un éxtasis de amor. Fue canonizado en 1920 y nombrado copatrón de la juventud católica italiana en 1926.

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO I (a elegir uno de los tres siguientes)
Este es el día del Señor.
Este es el tiempo de la misericordia.

Delante de tus ojos
ya no enrojeceremos
a causa del antiguo
pecado de tu pueblo.
Arrancarás de cuajo
el corazón soberbio
y harás un pueblo humilde
de corazón sincero.

En medio de las gentes
nos guardas como un resto
para cantar tus obras
y adelantar tu reino.
Seremos raza nueva
para los cielos nuevos;
sacerdotal estirpe,
según tu Primogénito.

Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos del oprobio
serán tus herederos.
Señalarás entonces
el día del regreso
para los que comían
su pan en el destierro.

¡Exulten mis entrañas!
¡Alégrese mi pueblo!
Porque el Señor que es justo
revoca sus decretos:
La salvación se anuncia
donde acechó el infierno,
porque el Señor habita
en medio de su pueblo.
 

 Antífona 1: Dios mío, tus caminos son santos: ¿qué dios es grande como nuestro Dios.

SALMO 76: Recuerdo del pasado glorioso de Jerusalén
Alzo mi voz a Dios gritando,
alzo mi voz a Dios para que me oiga.

En mi angustia te busco, Señor mío;
de noche extiendo las manos sin descanso,
y mi alma rehúsa el consuelo.
Cuando me acuerdo de Dios, gimo,
y meditando me siento desfallecer.

Sujetas los párpados de mis ojos,
y la agitación no me deja hablar.
Repaso los días antiguos,
recuerdo los años remotos;
de noche lo pienso en mis adentros,
y meditándolo me pregunto:

"¿Es que el Señor nos rechaza para siempre
y ya no volverá a favorecernos?
¿Se ha agotado ya su misericordia,
se ha terminado para siempre su promesa?
¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad,
o la cólera cierra sus entrañas?"

Y me digo: "¡Qué pena la mía!
¡Se ha cambiado la diestra del Altísimo!"
Recuerdo las proezas del Señor;
sí, recuerdo tus antiguos portentos,
medito todas tus obras
y considero tus hazañas.

Dios mío, tus caminos son santos:
¿Qué dios es grande como nuestro Dios?

Tú, oh Dios, haciendo maravillas,
mostraste tu poder a los pueblos;
con tu brazo rescataste a tu pueblo,
a los hijos de Jacob y de José.

Te vio el mar, oh Dios,
te vio el mar y tembló,
las olas se estremecieron.

Las nubes descargaban sus aguas,
retumbaban los nubarrones,
tus saetas zigzagueaban.

Rodaba el estruendo de tu trueno,
los relámpagos deslumbraban el orbe,
la tierra retembló estremecida.

Tú te abriste camino por las aguas,
un vado por las aguas caudalosas,
y no quedaba rastro de tus huellas:

Mientras guiabas a tu pueblo,
como a un rebaño,
por la mano de Moisés y de Aarón.

Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 1: Dios mío, tus caminos son santos: ¿qué dios es grande como nuestro Dios.


martes, 26 de febrero de 2013

El Espíritu en el cónclave

Colaboraciones


Aránzazu mesa comparte su acción de gracias y su petición al Espíritu para el nuevo Papa.

No puedo pedir, sin antes darle gracias, gracias al Espíritu y a los hombres que han dejado que actúe a través de ellos, gracias por el papado del Beato Juan Pablo II, que hasta su último aliento lo ofreció por la Iglesia, gracias a Benedicto XVI, papado difícil donde los haya, pero afrontado con tesón, humildad y renuncia. Pero sobre todo, le agradezco el año de la Fe, interpelándonos a dejar de ser cristianos de bodas, bautizos y comuniones, a no aferrarnos con uñas y dientes a nuestros pequeños logros, a SER más que aparentar, a preguntarnos cual es nuestra misión en este mundo, porque si los Papas son los sucesores de Pedro, los cristianos y no solo los curas, somos los sucesores de los discípulos.
Y la respuesta es sencilla, Espíritu Santo cambia mi corazón, Transfórmalo, y haz que Ame como ama Jesús … y lo pido primero para mí, sólo por coherencia, puesto que soy la única que lo puede cambiar y no puedo pretender que tu cambies primero, puesto que el tuyo lo tienes que cambiar tú, bajo la mirada amorosa del Padre, y teniéndonos paciencia. Solo así podremos tener la Iglesia que nos prometió Jesús, pues la tendremos cuando estemos dispuestos a luchar por ella, no antes. Por eso, al Espíritu Santo, le pido para el nuevo Papa, le conceda la FE de Abraham, que le ayude a mantener la ESPERANZA en la visión que Jesús les mostró a Pedro, Santiago y Juan en el Monte Tabor, y la CARIDAD del Padre para con el mundo, capaz de dar a su Único Hijo por nosotros.

Pero también tengo una petición para el nuevo Papa, que se haga trasparente para que Jesús se haga grande entre nosotros, que no se amedrente por los papados anteriores ni por la sociedad actual, y que ponga su impronta personal con todas sus fuerzas al servicio de la Iglesia, porque ahora necesitamos los dones que el Señor le dio a él como hombre, pero también que valore la Gracia que recibe al suceder a un Papa vivo, y aproveche al “P. Ratzinger” en este nuevo servicio que el Padre le pide. Que Dios los bendiga a todos.

SAN ALEJANDRO

San Alejandro


Joven del siglo III que llegó a ser el Patriarca de Alejandría y se enfrentó al hereje Arrio. Era inteligente, amable y cuidaba de los pobres. Cuando murió el anterior patriarca, Alejandro ocupó el cargo (el otro candidato era Arrio). Mientras, Arrio no le dejaba ni a sol ni a sombra y tuvieron que convocar un sínodo en 320. Se reunieron más de cien obispos y todos lo condenaron, Arrio fue incapaz de defenderse y en el Concilio Universal de Nicea fue condenado para siempre.



V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos. Amén.

 

HIMNO III
Llorando los pecados
tu pueblo está, Señor.
Vuélvenos tu mirada
y danos el perdón.

Seguiremos tus pasos,
camino de la cruz,
subiendo hasta la cumbre
de la Pascua de luz.

La Cuaresma es combate;
las armas: oración,
limosnas y vigilias
por el Reino de Dios.

"Convertid vuestra vida,
volved a vuestro Dios,
y volveré a vosotros",
esto dice el Señor.

Tus palabras de vida
nos llevan hacia ti,
los días cuaresmales
nos las hacen sentir. Amén.

Antífona 1: Envíame, Señor, tu luz y tu verdad.

SALMO 42: Deseo del templo
Hazme justicia, oh Dios, defiende mi causa
contra gente sin piedad,
sálvame del hombre traidor y malvado.

Tú eres mi Dios y protector,
¿por qué me rechazas?,
¿por qué voy andando sombrío,
hostigado por mi enemigo?

Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada.

Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío.

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
"Salud de mi rostro, Dios mío".

Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 1: Envíame, Señor, tu luz y tu verdad.