Es un gran don del Señor estar aquí reunidos, en el Cenáculo, para
celebrar la Eucaristía. Al saludarles a ustedes con fraterna alegría,
quisiera mencionar con afecto a los Patriarcas Orientales Católicos que
han participado, durante estos días, en mi peregrinación. Les agradezco
su significativa presencia, que tanto valor tiene para mí, y les aseguro
que tienen un puesto especial en mi corazón y en mi oración. Aquí,
donde Jesús consumó la Última Cena con los Apóstoles; donde, resucitado,
se apareció en medio de ellos; donde el Espíritu Santo descendió
abundantemente sobre María y los discípulos. Aquí nació la Iglesia, y
nació en salida. Desde aquí salió, con el Pan partido entre las manos, las llagas de Jesús en los ojos, y el Espíritu de amor en el corazón. Leer más...

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Y todo eso se puede unir por el amor. Amar es permanecer unidos en Aquel que nos une: Jesús de Nazaret.