Tengan paciencia, busquen un lugar en su vida, deténganse, tómense un respiro, siéntense cómodos y compartan su fe con aquellos que se reencuentran con ella y la comparten con nosotros. Merece la pena dedicar un tiempo a hacer nuestros ejercicios para fortalecer el Espíritu, y aquí no se trata de caminar ni de moverse, sino de permanecer serenos, tranquilos, bien y cómodamente sentados y disponernos en el silencio interior de nuestra alma a, simplemente, escuchar.

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Y todo eso se puede unir por el amor. Amar es permanecer unidos en Aquel que nos une: Jesús de Nazaret.