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miércoles, 28 de septiembre de 2016

AUDIENCIA PAPA FRANCISCO

Desde hace algún tiempo he sentido sana envidia por el llamado "buen ladrón", porque esas palabras que Jesús le dijo son las palabras que yo quiero y busco que me diga a mí también: la promesa de estar con Él en el Paraíso.

 Pero, reflexionando sobre ello me doy cuenta que el último camino para conseguirlo es la Cruz. Claro, yo no puedo morir como aquel buen ladrón y como Jesús, pero si aceptar la cruz de mi tiempo y de mi hora. Tal y como nos dice el Papa Francisco, arrepintiéndome de mi pecado, confesando mi culpa y confiando en la bondad y misericordia de Dios.








PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro
Miércoles 28 de septiembre de 2016




Queridos hermanos y hermanas:

Las palabras de Jesús en la cruz encuentran su culmen en el perdón. El evangelista san Lucas narra como los dos ladrones que fueron crucificados junto a Jesús se dirigen a él con actitudes distintas.

El primero, llevado por la angustia del hombre ante la muerte, lo insulta y no comprende que, siendo el Mesías, pueda quedarse en la cruz. Pero es precisamente quedándose y muriendo en la cruz donde Cristo nos salva, dando testimonio de que la salvación de Dios puede llegar a todos los hombres hasta en las situaciones más extremas.

El segundo ladrón, movido por el temor del Señor, reconoce su pecado, y confiesa su culpa con absoluta confianza en la infinita bondad y misericordia de Jesús. Jesús está precisamente allí para estar cerca, para salir al encuentro de la necesidad que tiene todo hombre de no ser abandonado, y le promete que hoy estará con él en el paraíso. De este modo, en la hora de la Cruz, Jesús revela el cumplimiento de su misión de salvar a los pecadores. Desde el inicio hasta el final de su vida, Jesús se ha revelado Misericordia, encarnación definitiva e irrepetible del amor del Padre.


Saludos
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Pidamos al Señor por todos los que sufren por cualquier motivo o se sienten abandonados, para que mirando al crucificado, puedan descubrir y sentir el consuelo y el perdón de Cristo, rostro de la misericordia del Padre. Un especial pensamiento al pueblo mexicano, los invito a cantarle a la Guadalupana, lo que cantaron al inicio, pidiendo por los sufrimientos de este pueblo. Gracias.

domingo, 25 de septiembre de 2016

IGUALDAD Y DESIGUALDADES

(Lc 16,19-31)
Nos ocurre que nos quejamos de tanta miseria. Incluso envidamos a aquellos que son ricos o que han heredado riquezas de sus padres. Nos parece injusto y nos quejamos de esta vida de desigualdades. Mientras unos sufren, otros lo pasan en abundancia y en banquetes y fiestas. No parece eso justo. ¿Dónde está Dios?

La parábola que hoy nos cuenta el Evangelio deja las cosas en su sitio. Las desigualdades tienden a igualarse. Llegará el momento que todos serán igualados y aquellos que han recibido sus bienes, si no los han aprovechado, se quedaran sin nada. Es la historia del rico epulón, hombre dedicado a banquetearse y regalarse fiestas y diversiones. Hombre dedicado a pasarlo bien.

Y no por eso hombre malo. No hace daño, ni mata ni roba. Es más, invita y lo pasa bien en banquetes y fiestas. Pero pasa del pobre Lázaro, tumbado a su puerta y carente de todo. Ansiaba comerse las migajas de pan que se caían de la mesa. Nadie le tenía en cuenta y aquel hombre rico pasaba de él. Ese fue su pecado, la omisión. Y la reflexión que nos interesa a nosotros discernir y rumiar.

También nosotros tenemos omisiones. No se trata de no hacer ni de incumplir, sino de hacer el bien sobre todo en aquel que lo necesita. Se trata de repartir, compartir los bienes que tenemos. No sólo de dinero, sino de tiempo, de disponibilidad, de cualidades, de muchas cosas que podemos hacer y aliviar la vida de los que carecen de todo.

Ser discípulo de Jesús no es simplemente ser un hombre bueno en el sentido negativo, es decir, no matar, no robar, no mentir, no hacer daño a nadie, sino que también hay un sentido positivo: hacer y compartir tu bien con los que no tienen; dar de lo que tienes a aquellos que lo necesitan, que muchas veces puede ser un consejo, un acompañar, un servir o solucionar algún problema. 

Ese fue el pecado de aquel hombre rico, pasar de los demás. Pidamos que estemos siempre dispuestos a solidarizarnos con los más necesitados y pobres.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

No hay sino un camino. Eso es lo que el Papa Francisco nos dice hoy respecto a la Misericordia de Dios. Dios es Infinitamente Misericordioso y en base a esa Misericordia Infinita que no merecemos ni podemos entender, estamos vivos y con la esperanza de vivir eternamente.

Y sólo, también, hay un único camino para alcanzar esa Misericordia que Dios nos pone a nuestros pies, la de ser también nosotros misericordiosos. Y eso no consiste sólo en perdonar sino en dar y amar. Porque el perdón no se da sin amor. La Misericordia se ríe de la justicia y la sobrepasa, porque no sólo perdona lo perdonable, sino todo aquello que no merece perdón. Por eso nosotros, sin merecer nada, somos perdonados y salvador por los méritos de nuestro Señor Jesús.





PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 21 de septiembre de 2016


Queridos hermanos y hermanas:

Hoy hemos escuchado el pasaje evangélico que inspira el lema de este año santo: Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso. Dios ama con un amor tan grande que para nosotros parece imposible. Toda la historia de la salvación es una historia de misericordia, que alcanza su culmen en la donación de Jesús en la cruz. ¿Cómo alcanzar esta perfección? La respuesta estriba en que Jesús no pide cantidad, sino ser signo, canal, testimonio de su misericordia. Por eso los santos han encarnado el amor de Dios que les desborda en múltiples formas de caridad en favor de los necesitados.

El Evangelio nos da dos pautas para ello: perdonar y dar. Jesús no busca alterar el curso de la justicia humana, pero manifiesta que en la comunidad cristiana hay que suspender juicios y condenas. El perdón es manifestación de la gratuidad del amor de Dios, que nunca da a un hijo por perdido. No podemos ponernos por encima del otro, al contrario, debemos llamarlo continuamente a la conversión. Del mismo modo, Jesús nos enseña que su voluntad de darse está muy por encima de nuestras expectativas y no depende de nuestros méritos, sino que la capacidad de acoger su amor, crece en la medida en que nos damos a los demás, más amamos, más lleno de Dios estará nuestro corazón.


Saludos
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Pidamos al Señor que no perdamos nunca nuestra identidad de hijos de un mismo Padre, que nos une en su amor. Que Dios los bendiga.


domingo, 18 de septiembre de 2016

DEPENDERÁ DE TI QUE PONGAS TU ASTUCIA AL SERVICIO DEL EVANGELIO

(Lc 16,1-13)

La vida, mejor, el mundo está estructurado para que con tu trabajo puedas conseguir lo que necesitas para vivir. Somos seres humanos y necesitamos materia para vivir. El trabajo es la forma de conseguir el dinero para obtener con él todo lo que necesitas. Sin embargo, hay un peligro, que hagas del trabajo, y del fruto que se desprende de él, tu dios, y consagres tu vida a adorarle para tu disfrute personal y egoísta.

Esa es el mensaje esencial de este Evangelio. No se trata de condenar el dinero ni tampoco la riqueza, y mucho menos el obtenerla, sino el destino que se le pueda dar. El amo exalta la astucia del aquel injusto administrador, no por cómo actúa, sino por su afán y picardía para conseguirse un nuevo empleo. Vivimos estas actitudes humanas cada día. El panorama político español nos puede servir de ejemplo, pues hay muy astutos políticos que se parecen mucho a este administrador injusto. Trabajan buscando su provecho sin pensar en el de los españoles que representa. Ni siquiera en su propio partido.

Jesús echa en falta la astucia de los hijos de la luz, pasivos y maniatados ante las dificultades que las diversas circunstancias de la evangelización les presentan. Y la ausencia de su testimonio en los ambientes que se mueven. Los que te rodean deben saber por qué actúas de una forma determinada y descubrirlo en tu imagen y en tu rostro. Un creyente no puede ir triste ni desesperado por las cosas que suceden en su vida.

Es verdad que no damos ejemplo, y yo el primero, pero debemos irnos convenciendo que el Espíritu está con nosotros y nos echará una mano para, si no arreglar la situación, si para soportarla y aceptarla con resignación evangélica y esperanzada.

Porque nosotros, los creyentes en Jesús de Nazaret, creemos en la Resurrección. Primero en la de Él, y luego en la que Él nos ha prometido a todos los que le siguen y le creen. Por lo tanto, nada nos debe de desesperar, sino animar a actuar con honradez, con justicia y con ánimo de dar testimonio cada vez que se presenta la ocasión. La astucia nos sirve para aprovechar el instante propicio para poner hilo directo con el amor del Señor y el mensaje de salvación.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO


AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

Nadie puede pedir que tengan confianza en él si antes no da esa confianza y seguridad. Sobre todo haciendo y viviendo plenamente lo que propone a otros que hagan. Jesús proclama y vive alternativamente lo que dice con su vida. Todo lo proclamado es vivido, de tal manera que sabe de cansancios, de sufrimientos, de dolores y de agobios.

Y es a esos a los que se dirige, a los que están cansados y agobiados, porque solo los que se cansan y fatigan buscan descanso. Y Él, como nos dice nuestra Papa Francisco es el descanso y la paz que todos los hombres buscan, aunque muchos lo ignoran. Por su Infinita Misericordia somos siempre acogidos y perdonados. Y esa experiencia nos alivia y descansa.







PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 14 de septiembre de 2016

Queridos hermanos y hermanas

En el Evangelio que hemos escuchado, Jesús se dirige a sus discípulos para extenderles una invitación y lo hace a través de tres imperativos: «Vengan a mí», «tomen mi yugo», y «aprendan de mí».

Jesús se dirige a quienes están cansados y agobiados para que confíen en él y encuentren alivio en su misericordia. Es una invitación a descubrir la voluntad de Dios, entrando en comunión con él y cargando con su cruz.

La propuesta de Jesús es un camino de conocimiento e imitación. Él no es un maestro severo que impone los pesos que él no ha llevado. Él mismo se ha hecho pequeño y humilde, su ejemplo nos enseña y es el camino a seguir.

Tenemos que pedir a Dios la gracia de tener la mirada limpia de Jesús que nos hace comprender cuánto camino debemos aún recorrer; pero al mismo tiempo nos da la alegría de saber que estamos caminando con él y no estamos solos.


Saludos
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los venidos de España y Latinoamérica. Los invito a pedir el don de la alegría, que es el de la gracia de sentirse discípulo de Jesús; de vivir junto a él con la fuerza de su consuelo y misericordia. Muchas gracias

domingo, 11 de septiembre de 2016

LA ESENCIA DEL AMOR

(Lc 15,1-32)


El amor no es para darlo sólo a los que te corresponden o te obedecen, pues ese amor es fácil y no necesita ningún esfuerzo. El amor se descubre en la exigencia, en la necesidad, en la pobreza y hasta en la desobediencia. El amor es para darlo a los pecadores, a los que, precisamente, no aman y necesitan de conversión para amar. No tendría sentido ninguno amar a los que te aman.

Y no se entiende lo que murmuran los fariseos y escribas cuando ven a Jesús entre los publicanos y pecadores. No se entiende porque son ellos lo que lo necesitan y a los que viene Jesús. No son los que tienen amor los que lo necesitan, sino aquellos que están marginados, que viven en el desamor y el pecado. Sin embargo, las apariencias engañan, y, quizás, los que se creen más limpios, están más sucios. 

De cualquier manera, la parábola de la oveja perdida deja muy claro el sentido del criterio de Dios. Son los necesitados los preferidos de Jesús y los que necesitan de su Amor. Por eso, habrá más alegría por la conversión de un pecador que por noventa y nueve justos que no la necesitan. Porque esa es la misión, redimir a los pecadores. Y ese es el secreto, la Misericordia de Dios. Gracias a ella estamos salvados.

Dios nos ama misericordiosamente, hasta el punto de, no mereciéndonos el perdón, recibirlo. Experimentar ese agradecimiento nos acerca al Señor y nos descubre su Amor. Jesús nos lo describe magistralmente en la parábola del Padre misericordioso. Conocerla, meditarla y reflexionarla es vital para entender como nos ama Dios. Un Padre que nos busca, nos espera, nos atiende, nos deja en plena libertad, pero se preocupa por nuestra elección y lejanía, y aguarda esperanzado que nos demos cuenta y le entendamos. Y nos aguarda con paciencia esperando nuestro regreso.

Tengamos mucho cuidado de adherirnos a la actitud del hermano mayor. Son, quizás, los fariseos y escribas de nuestro tiempo, los que murmuramos el amor del Padre. Podemos, sin darnos cuenta, estar en esa actitud, acomodados, instalados y creídos que somos los buenos hijos y los merecedores del amor del Padre.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

Posiblemente, el Papa, nos ayuda a discernir sobre la idea que nos hemos formado de Jesucristo o la que nos gustaría tener o esperar. Nuestro mundo no nos ayuda mucho a comprenderle, porque nuestros pensamientos son de este mundo y Jesús viene de otro, del único y verdadero mundo. Incluso, Juan el Bautista, precursor de Jesús, envía discípulos para cerciorarse y saber si es Jesús el esperado y el que había de venir.

Afortunadamente, la Obra de Jesús despeja todas las dudas y allana el camino. Su Misericordia habla por sí sola y revela el Amor del Padre. Un Padre que nos abre su Infinito Corazón y nos llama a la conversión y a la Vida plena en su presencia.



PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 7 de septiembre de 2016


Queridos hermanos y hermanas:

En el evangelio de Mateo escuchamos la pregunta de Juan el Bautista: «¿Eres tú el que ha de venir?» Jesús responde mostrando las obras de misericordia que realiza con los enfermos y desheredados, y de las que son testigos los discípulos del profeta.

Jesús, el Mesías esperado, es el instrumento concreto de la misericordia del Padre, que sale al encuentro de todos llevando consuelo y salud, y, a través de los signos de la bondad divina, llama a todos a la conversión, para que encuentren el camino de regreso al Padre.

La forma de actuar de Jesús puede escandalizar a muchos, porque no se adecua a la idea que se han formado de él, pero nos alienta a aceptarlo como el Mesías que se revela en las obras que cumple, siguiendo la voluntad del Padre. El cristiano cree en el Dios de Jesucristo, y tiene el deseo de crecer en la experiencia viva de su misterio de amor, que lo empuja a la misión de trasformar el mundo y la historia.


Saludos
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los provenientes de España y Latinoamérica. Esforcémonos en no ser obstáculo de la misericordia del Padre, sino al contrario, pidamos al Señor que incremente nuestra fe, para ser signos e instrumentos de su misericordia. Que Dios los bendiga.

domingo, 4 de septiembre de 2016

JESÚS, EL PRIMERO Y LO PRIMERO

(Lc 14,25-33)

En nuestro seguimiento a Jesús no puede haber otro antes que Él. Sería imposible seguirle si Él no fuese el primero. Porque, seguirlo pudieras, pero no como Él quiere ser seguido. Si te fijas y nos fijamos todos, Jesús no nos da parte de su Vida, sino que la entrega toda. Se da el mismo entero, haciéndose pan y partiéndose para que todos podamos comerlo y alimentarlo. ¿Cómo se va a conformar con recibir un poco de ti y no todo tu ser?

¿Y cómo puedes seguirle si no lo haces desde toda tu persona, todas tus fuerzas y todo tú mismo? Es de sentido común que seguir a Jesús es ponerlo en el centro de tu vida y posponer todo lo demás. Así nos lo dice en el Evangelio de hoy domingo: «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío.»

Está claro. Eso no significa que tengamos que abandonar a nuestras familias: padres, madres, hermanos, esposa, hijos...etc. Se trata que delante de ellos está el amos a Jesús, su elección y seguimiento. Y si hay algún obstáculo, entre ellos los nombrados, que nos ponga dificultad para seguirle, debemos dejarlo para seguir a Jesús. Y así ha sucedido en algunos casos particulares de santos que se han tenido que enfrentar a sus familias para optar el camino de seguimiento a Jesús.

Viajar siguiendo a Jesús, no es simplemente acompañarle, sino participar y vivir en el camino con Él sus mismas emociones y compasiones de amor con los demás. Seguir a Jesús es comprometerse con amarle amando a los que tienes a tu lado y cerca de ti, y también a los que la vida te va presentando en tu propio camino. Seguir a Jesús es sentirte samaritano como el samaritano, valga la redundancia, de la parábola que Jesús nos dijo.